A raíz de anunciarse el cierre del canal televisivo de noticias CNN+, se están vertiendo cantidad de comentarios al respecto desde todos los ámbitos, si bien es cierto que con más virulencia por parte de los más directos afectados. Es lógico. Son muchos los profesionales que van a sumarse a la larga lista de desempleados en este maltrecho país y eso a nadie debe dejar indiferente. Pero sumado a estos, otros muchos profesionales del sector se solidarizan con este fracaso y cada cual desde su particular prisma, hace su comentario y da su opinión. Hasta aquí todo razonable. Pero lo que me resulta curioso es que haya quien sin el menor pudor se atreva a poner nombre y apellidos a este cierre más allá de lo puramente económico. Como era de esperar, ya se levantan voces culpando a Esperanza Aguirre, a Intereconomía, al Partido Popular, a la derecha, a la iglesia y a quién sea con tal de no dar su brazo a torcer y reconocer que esa pluralidad e imparcialidad que se le suponía al canal que se cierra, no era más que una fantasía acomodada a esos parámetros que con tanta sutileza a veces y en otras ocasiones descaradamente, manejan los dirigentes del PSOE en materia de comunicación.
Cualquier medio de comunicación que no diga que Zapatero es guapo, alto, rubio y un excelente gobernante, resulta que es de ultraderecha, franquista, fascista y no sé cuantas barbaridades más. Por el contrario, todos los que defienden aunque sea de manera bastarda y burdamente interesada, que los socialistas lo hacen de cine –digo de cine con segundas-, resultan ser los imparciales, los plurales, los transparentes, los objetivos, etc., etc.,…
Lo que sucede es que a estas alturas de la película –lo de película lo digo con segundas- va resultando más complicado engañar a la gente y desde luego menos facilón manejar a las masas con esos mensajes tan poco creíbles. Basta detenerse cualquier sábado frente al televisor y ser capaz de tener paciencia para soportar el debate del programa La Noria que emite Tele 5. La individua esa, cual referente de la impresentabilidad más repugnante llamada María Antonia Iglesias, es incapaz de opinar sin insultar a diestro y siniestro que no piense como ella. Pues esta perla de la comunicación, la información y el periodismo, fue responsable de los informativos de TVE en tiempos de Felipe González. Y junto a ella, un fulano de gesto amargado, crispado siempre, peleándose con la vida y con el mismo, que se llama Enrique Sopena y que tiene la desfachatez de dirigir un medio digital que se llama “el plural”. El nombre del periódico cuanto menos causa hilaridad, pues él precisamente es un ejemplo manifiesto de carencia total de pluralidad en sus insultantes comentarios. La tercera de las participantes en esa parte de la mesa es una tal Pilar Rahola, catalana de nacimiento, convicción y anti española de ejercicio, de la que prefiero evitar comentarios en este artículo porque en otra ocasión lo haré con más amplitud.
Véanse los informativos de la 1, la 2, Tele 5, Cuatro, La Sexta y luego, procurando ser objetivos, que alguien sea capaz de convencerme que eso es pluralidad, imparcialidad y periodismo informativo.