Como muchos españoles me confieso no monárquico aunque un poco juancarlista. No entiendo la monarquía a estas alturas, pero reconozco el papel fundamental del Rey en la transición española. También reconozco que Felipe, como sucesor en el trono, debe hacerlo bien a tenor de su preparación, de su edad acorde con estos tiempos y su amplia experiencia a pesar de su juventud. Pero no se lo están poniendo fácil las circunstancias. Todo empezó a resquebrajarse cuando la separación de Marichalar con la Infanta Elena. Eso nos transmitió a todos la sensación de que la historia esa de la sangre azul quedaba bien para los cuentos de hadas, pero no para estos momentos de la historia. Dicho de otra forma, la realeza está formada por personas normales y corrientes y no por seres privilegiados ni tocados por la mano de Dios. Después de un tiempo, salta el escándalo de Urdangarín y la ejemplaridad de nuestra familia Real deja al descubierto que no es más que una suposición. Y en pleno descalabro del mito y cuando cada día nos desayunaos con un nuevo titular de prensa que descubren que el guapísimo yernísimo carecía de escrúpulos para meter la mano indebidamente, nos tragamos el sapo de que Felipe Froilán de todos los santos, ¡por Dios santo!, tiene un accidente con una escopeta de caza con una edad en la que nuestra ley prohíbe el uso de armas. Se dispara en un pie mientras estaba con su padre y la respuesta pretendidamente cercana que nos da su madre y su abuela –La infanta Elena y Sofía la Reina consorte-, es que “eso le pasa a los niños”. Va a ser que no. A los niños no les pasa eso. Les pasa a quienes se pasan la ley por el forro de sus caprichos aprovechando el apellido.
Y para remate de los tomates, en las mismas fechas en las que el chiquillo se recupera de sus heridas en el pie, la Reina se nos marcha a Grecia para celebrar la pascua ortodoxa, solo unos días después de celebrar la pascua Cristiana. Y claro, el monarca, nuestro Rey tan ejemplar en la transición, decide marcharse a África –parece que a hurtadillas- para cazar elefantes…
Suena a chiste malo, pero es la cruda realidad. No me gustaría aprovechar este espacio para hacer demagogia barata e hipócrita, pero la verdad es que siento especial debilidad por los animales y no comprendo quitarles la vida ni como deporte, ni como nada. Siempre he confesado mi contradicción en lo taurino y reconozco que no tengo remordimiento alguno a la hora de aplastar a un mosquito, a una mosca coñazo o a una rata si llegase el caso. Pero la caza como entretenimiento me parece incomprensible. Alguien me decía –tampoco lo comparto- que por lo menos cuando se caza conejos o perdices, al menos el animal tiene la capacidad de salir corriendo y resulta más complicado…Pero un elefante?...Qué mérito tiene darle un tiro a ese precioso monstruo que ocupa todo nuestro campo visual si nos ponemos a una distancia interesante?...Ni lo entiendo, ni lo comparto, ni lo admito, ni lo acepto, ni puedo entender que un ser capaz de balancearse en la tela de una araña y que a su vez tiene la facultad de llamar a otros elefantes para tan hermoso menester, pueda ser diana de unos caprichosos que se sienten héroes -con foto incluida- por haberle arrancado la vida de manera vil y cobarde. No quisiera que al final todo quedara en eso, porque siendo suficiente, no puede obviarse que además este jueguecito cruel cuesta una pasta importante y que resulta ser una falta total de respeto y consideración a una ciudadanía que lo está pasando mal y a los que hace muy poco tiempo nuestro Jefe del Estado nos dijo que le quitaba el sueño su preocupación por lo que está pasando nuestra juventud…
Ahora, al salir del hospital, Su Majestad ha dicho a los periodistas. “Los siento. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”. El detalle le honra, precisamente porque en España no pide perdón nadie, ni nadie reconoce sus errores. Ahora nos queda saber a qué se refiere cuando dice que no volverá a ocurrir…¿No volverá a cazar en África?¿No volverá a matar elefantes?¿No volverá a marcharse en secreto?¿No volverá a caerse?¿No volverá a fracturarse la cadera?¿No volverá a ese hospital?...Yo daría por buena la experiencia si a partir de ahora no volvieran a verse a esos cuatro de siempre que aprovechan cualquier manifestación para lucir su bandera anticonstitucional reivindicando una república de nefastos recuerdos y sobre todo, si a partir de ahora los elefantes volvieran a balancearse tranquilamente en la tela de una araña…como toda la vida…
