Es imposible no estar dando permanente las gracias a Dios por estar vivo. Y verdaderamente lo siento por aquellos que desde su atalaya agnóstica no tienen a quien agradecer esos momentos como el que he tenido la oportunidad de vivir esta noche. Vinimos mi mujer y yo a La Línea un día antes del célebre 31 porque estábamos obligados –e interesados- en colaborar con la escuela de la copla que no pasa por su mejor momento económico y al bueno de Pepe Infante se le ocurrió organizar un festival reuniendo a tres de mis debilidades: Erika Leiva, Miriam Domínguez y Jonathan Santiago. Ni les cuento. El encuentro, titulado “Unidos por la copla” era en el chiringuito de congresos como le llamaban los socialistas antes de llegar al poder. Ahora ya es el Palacio de Congresos. Ahora posiblemente ni le sobren metros de su construcción ni se planteen derribarlo. Ahora es además del Ayuntamiento, el lugar donde los trabajadores se encierran para reclamar sus legítimos salarios que no han sido capaces de pagar estos gobernantes, desde que accedieron al poder en el pasado mes de mayo.
Del festival es tanto lo que se me ocurre comentar que no tengo palabras. Se sumaron al festín, además de unos músicos extraordinarios, los cantantes Jonás Campos y Juanma Jerez. Fenomenales los dos. Fuertes, poderosos, entregados, agradables y profesionales. Vinieron a dar la cara, a colaborar y a no llevarse un solo euro. Gracias. Y después, el trío de linenses…Solo se me ocurre decir: ¡¡¡QUE BARBARIDAD!!!. No hay ciudad en España capaz de congregar tanto arte en tan pocos metros cuadrados. Y no es subjetividad, ni pasión, ni barrer para casa, ni nada de eso. Es la realidad pura y dura. Miriam Domínguez es la dulzura personificada…Que niña más bonita, que bonitos ojos, que bonita voz y que bonita hace la copla. Es la sensibilidad en un escenario. Hizo una interpretación de La Loba que aunque han pasado varias horas de aquello, aún se me eriza el vello solo al recordarlo…Sencillamente sublime como siempre mi admirada Miriam. Hablar de Erika me impone. Me da miedo. No se que decir. Es una artista capaz de dejarme sin palabras y lo que más me preocupa, me deja sin aliento, sin capacidad de reacción, sin saber qué hacer ni que decir…Erika es una “bestia” y ojalá se me sepa interpretar…No lo digo –Dios me libre- en tono peyorativo. Digo bestia por el poder de su voz, de su presencia, de su prestancia, de su saber estar en escena, de su talante, de su belleza…No se puede ni cantar mejor ni gustar más…Está llamada a ser una de las grandes.
Y para remate de los tomates…Jonathan Santiago, al que si me lo permiten, voy a llamarle Juan. Pensándolo bien, voy a llamarle Juan aunque no me lo permitan. Juan Santiago es como le conocí en la copla y como creo que debe seguir llamándose en cuanto acabe esta pantomima del concurso de Canal Sur. No es que cante magistralmente bien. No es que llame la atención. No es que rompa los esquemas. No es que sea muy bueno. Es simple y llanamente un espécimen que ha salido del vientre de su madre y que en su absoluta inconsciencia es una estrella formidable y me atrevería a decir que el artista más grande que ha parido este pueblo. Le queda mucho por pulir, pero de momento,… es un monstruo de la naturaleza capaz de lo imposible; de cantar sin respirar; de cargarse a los mitos; de sorprender a propios y a extraños; de superar a los originales y de sacar de quicio hasta el espectador más tranquilo, o sea, a mi…
Confieso que una de mis coplas preferidas es “Las campanas de Linares” y posiblemente sea de mis preferidas porque también Rafael Farina fue siempre mi debilidad en la copla. He oído versiones impresionantes. Recuerdo por ejemplo la de mi querida Sandra Cabrera que le supuso el premio en la final del Maestro Jaén de algunos años. También valoro la versión magistral de Alejandra en “Se llama Colpa”, pero en todos los casos, al final, me he quedado con mi Farina de mi alma. Hasta esta noche. Juan Santiago ha mandado a paseo a mi Farina y al mismísimo “sursuncorda”…Nadie y me atrevo a decir nadie aunque me juegue hacer el ridículo, ha sido capaz hasta esta noche de cantar las campanas de Linares con tanta frescura, con tanta valentía, arriesgando tanto y rompiendo un teatro que aguantaba en sus asientos a duras penas porque lo que apetecía era levantarse e interrumpirlo para callarlo con aplausos…Impresionante. Extraordinario. Sensacional. Incomparable. Inmejorable. Inaudito.
Y después, para reponer fuerzas ante tanto arte acumulado, la preceptiva cervecita, unos molletes mixtos entre saludos a paisanos entrañables, luego una copita bañándonos en la tradicional hipocresía rociera donde hubo quien después de semanas sin saber de nosotros ni se dignó a mirarnos a la cara y para acabar la noche, otra copita donde si que hubo quien se alegró de vernos y se acercó para darnos un beso y felicitarnos las fiestas.
Una noche perfecta, o al menos, inolvidable.

