sábado, 24 de marzo de 2012

¿REFLEXIÓN?...¿FÚTBOL?...



Son muchas las cosas que a diario le agradezco a Dios y a la vida. Entre esas muchas, no perder mi capacidad de asombro. Sin embargo, no acabo de explicarme que a estas alturas, peinando canas desde hace tiempo, todavía me extasíe ante determinadas actitudes de gente que concibe esto de vivir de una manera tan diferente a la mía. No soy ejemplo de nada, pero presumo de repudiar detalles como la violencia porque me parece que ya cargamos con demasiados sacos de problemas y vicisitudes, como para que encima nosotros nos inventemos más. Estoy seguro que amarnos los unos a los otros es una absoluta utopía, pero de ahí a odiarnos va un trecho exagerado.
Todo esto viene a que esta mañana he sido testigo de un acontecimiento que por inaudito y esperpéntico, me ha dejado sin palabras durante todo el día. No tengo nada que reflexionar respecto a mi intención de voto porque quienes me conocéis, sabéis de sobra mis ganas de cambio en Andalucía y que este cambio pasa por dar oportunidad al Partido Popular. Pero curiosamente, llevo todo el día reflexionando sobre el disparate que ahora os cuento.
Os pongo en situación. Vivo en Jerez en las proximidades del estadio de fútbol y por circunstancias que no vienen al caso, estaba sobre las doce de la mañana con mi hermano, mi cuñada y unos amigos en la calle. De manera repentina oímos cierto tumulto que al momento se convierte en una batalla campal sin límites. Bengalas, piedras de enorme tamaño, petardos, palos, navajas, bates de beisbol y por los aires, las mesas y sillas de un bar que por puro azar se encontraba en el lugar donde los guerrilleros diseñaron su campo de batalla. No eran unos cuantos. Eran cientos de vándalos, inconscientes y desalmados que en cuestión de minutos, convirtieron la sana convivencia de una ciudad en una pelea masiva y desproporcionada. Nos quedamos mudos. Sin saber qué hacer. El miedo se apoderó de nosotros porque aunque nos separaban algunos metros, la violencia era tan descontrolada que en cualquier momento podía convertirnos en victimas de alguna pedrada o de algún palo de uno de los muchos energúmenos participantes. ¿Qué pasaba?...¿Qué era aquello?...Tras unos minutos y en cuanto empezó a llegar la policía, la guerrilla pareció disiparse y poco después apareció una ambulancia para atender a heridos…Verdaderamente Insólito.
Y luego, horas después pude enterarme del asunto. Resultaron ser ultras del Xerez Deportivo y ultras del Elche C. F. ¿¿?¿?¿. Ya empiezan las diferentes versiones. Hay quien dice que empezaron unos ilicitanos en un bar de la zona y eso derivó en la monumental pelea. Otros defienden que las dos hinchadas quedaron por internet. Otros aseguran que además de los citados, se sumaron a la “divertida parranda”, seguidores del Betis y el Sevilla…Pero en cualquiera de esos casos o admitiendo que fuesen otros los motivos primeros, no asimilo justificación que acabe con el balance de heridos, uno de ellos con treinta puntos en la cabeza…¿Qué nos está pasando?...
Yo se que con demasiada facilidad pierdo los papeles cuando confundo la pasión por mi madridismo, con las descalificaciones a “catalinos”, argumentando -no siempre con razón-, que hay partidos que se arreglan en los despachos en perjuicio de mis colores. Pero todo queda ahí. Me divierte meterme con mis amigos del Barcelona a los que provoco en Facebook y ellos que entran al trapo rápidamente me ponen a parir como corresponde. Y ahí se acaba la historia. Que si el árbitro os ha regalado el partido; que si es un escándalo como os favorecen; que si cuando Franco ganabais vosotros y ahora nos toca a nosotros; que si pitos y que si flautas, pero nada más…
Por eso he reflexionado durante todo el día, sin olvidar ni un solo instante las imágenes que viví esta mañana donde con la supuesta motivación de algo tan hermoso como el fútbol, unos locos han jugado con la vida. La suya propia y la de los demás, niños y mayores,  que ajenos a la contienda se han podido ver afectados simplemente por vivir en esa calle o casualmente pasar por allí…
No es fácil llegar a conclusiones, pero en esa larga reflexión a la que hago referencia de todo un día, me da la impresión que tal vez esté pasando que nuestra sociedad ha confundido los principios de libertad y de respeto y eso lleva a que los jóvenes se encuentren sin un rumbo claro para llenar sus vacíos. Y pienso que todos, unos más y otros menos, tenemos parte de culpa.