Me pasa con la poesía como con la pintura, la escultura, la música y otros artes. Tengo la impresión que ya todo el mundo es poeta, pintor, escultor o músico, por aquello de que solo tiene que ponerse a la tarea y nadie va a venir con peros a su obra. Ya todo vale porque los métodos por los que se medían antiguamente a los artistas han pasado como tantas otras cosas a mejor vida.
Un pintor era aquel que plasmaba en un lienzo cualquier detalle, estampa, paisaje, retrato o lo que fuese y se le valoraba en función de lo bien que estuviese su acabado y por supuesto, si era lo más parecido a la realidad. Luego, surgieron quienes como no tenían ni puñetera idea del asunto y no eran capaces de saber pintar en condiciones, se inventaron lo de la pintura abstracta y con mensajes que había que captar o eras un inculto y un ignorante en pintura. Hay verdaderas porquerías convertidas en obras de arte valiosísimas por llevar la firma de un fulano determinado. En la escultura más de lo mismo. Como no se esculpir como Dios manda, me invento una cosa extraña y la expongo para que todo aquel que no le guste sea porque no entiende de arte. Músico ya no es el que crea una partitura o la interpreta con destreza en un instrumento musical. Todo aquel que haga ruido, ya es músico…Trágate esa. Y en la poesía, me quedo pasmado con lo que hoy se entiende como poesía. Siempre entendí que un poeta era aquel que escribía versos. Pero tampoco versos de cualquier manera, sino sometido a unos cánones concretos y no valía salirse de ellos. Estaban los de arte menor que refería a los bisílabos y hasta los octosílabos; los de arte mayor referidos a los de nueve silabas y hasta los llamados alejandrinos que son de catorce sílabas; diferentes estilos y formas, clásicas, populares, dramáticas, épicas, narrativas; estaban también los tipos de versos: coplas, cuartetas, quintillas, romances, sonetos,…y luego sonantes, disonantes,…en fin, de todos los gustos y maneras. Pero hoy no. Hoy es preferible la conocida como prosa poética que es una manera de escribir bonito y darle a la literatura un toque más delicado, por decirlo de alguna manera. No encuentro un libro de poetas contemporáneos que tengan versos que rimen. Eso es complicado y requiere una técnica, una dedicación, una habilidad, un conocimiento y total, una serie de exigencias que cuando no se saben, es preferible recurrir a escribir como sea y llamarse poeta ante una sociedad que lee esos “versos” amparados en el más puro libertinaje.
El otro día vi en televisión la presentación de un poemario de una señora que no conocía, pero que al parecer, tiene una amplia obra publicada y está reconocida como una gran poetisa. Empezó a leer algunos de sus poemas y no daba crédito a lo que oía y veía. Frases sueltas que ella llamaba versos y que no obedecían a ninguna norma establecida. Rienda suelta a su imaginación y allí paz y aquí gloria. Sin más ni más…
Hay compositores actuales que cuentan con enorme aceptación entre la gente y venden millares de discos con sus canciones. También son poetas aunque entre sus versos no haya una sola rima. Y no quiero referirme a Becquer o Espronceda como si me hubiese quedado en el tiempo. Tampoco quiero hablar de Rafael de León, o de Manuel Alejandro que aunque sean autores contemporáneos, pertenecen a otro tiempo. Si hablo de Serrat, de Sabina, de Alberto Cortez, de compositores que escriben canciones con unos criterios y unos esquemas. Esos si que son versos que riman y que luego podrán gustarte más o menos.
Si Calderón levantara la cabeza y viera que “La vida es sueño” hoy la escribe cualquiera sin rigor en absoluto, sin rima que valga y sin método de ninguna clase, pediría voluntariamente volverse al boquete y seguir considerando que los sueños, sueños son.