viernes, 29 de julio de 2011

LOS SOCIALISTAS Y EL PSOE


En ocasiones –más de la cuenta- cometo el error de generalizar y hacer pagar justos por pecadores en muchas de las opciones que hago públicas. Con mayor frecuencia me pasa cuando hablo de los catalanes; más aún de los “catalinos” y casi siempre cuando me dirijo a los socialistas. Verdaderamente parte de esta injustica la cometo porque en España se ha creado una especie de vínculo indisoluble entre quienes se sienten socialistas y quienes pertenecen al PSOE. Ambas cosas en muchos detalles parecen incompatibles. Todo el mundo conoce mis nulas simpatías por este partido porque son ya muchos años y muchos casos en los que desde esas siglas se han cometido una serie de atropellos inaceptables. Muchos listos aprovecharon la necesidad social de arrimarse al mal llamado progresismo para llenar sus bolsillos a costa de la confianza que les brindó la gente inocente y con un corazón de izquierdas. Conocemos a muchos millonarios que han hecho su fortuna amparándose en estas siglas y seguro que por eso, le tengo un absoluto y total rechazo a todo lo que huela a capullo. Y no me refiero al de rosas precisamente que me encanta, sino al de esa otra rosa más que marchita de corrupción y carente de  vergüenza.
Y todo esto viene al caso porque hace unos días, tomando una copa en una caseta de la feria linense, tuve la oportunidad de saludar a Antonio Fernández Borastero y a Rafael González. Son dos tipos que me caen bien y con los que ni me une ninguna amistad, ni siquiera he mantenido grandes conversaciones con ellos. Pero me siento de alguna manera identificado con los dos, de igual forma que con otros muchos que tuvieron la valentía en su momento de dar la cara y enfangarse en la política local con la mejor de sus intenciones. Digo que me identifico porque hicieron lo mismo que yo en su día. Se implicaron y seguro que pusieron lo mejor de ellos mismos para que todo saliera de la mejor manera posible dentro de sus escasas posibilidades. Lo harían mejor o peor, pero lo hicieron. Otros mientras tanto se han dedicado toda la vida a poner verde a diestro y siniestro sin dar un palo al agua y últimamente escondiéndose en un anonimato que les permite insultar impunemente a través de internet. Esa es la diferencia.
Que yo conozca, ni uno ni otro fueron causantes de ningún escándalo, ni de enriquecerse gracias a su paso por la política. Por eso, cuando hablo de los socialistas corruptos, de los golfos del PSOE, etc., y generalizo de manera injusta, me olvido que en ese colectivo, como en todos los demás que congregan a miles de personas cada una de su padre y de su madre, hay gente “pa tó”, de todas clases y de todos los estilos.
Antonio y Rafael, por poner dos ejemplos con los que me he cruzado recientemente, son dos de esos linenses que aportaron lo que supieron y pudieron y no precisamente en una buena etapa de la ciudad. Tal vez no gustó como lo hicieron y así, el pueblo soberano los mandó a casa. Sigue la historia con quienes llegaron después y así seguirá siendo mientras exista la democracia. Es el juego.
En nuestro legítimo derecho, está criticar la gestión de quien gobierna y mover ficha cada cuatro años para poner y quitar peones. Pero desde luego, siempre tendrán mi respeto quienes se expongan a esas críticas, dando la cara, currando por la ciudad y no “llevándoselo”, porque entonces no solo no voy a respetarlos, sino que caerá sobre ellos la más afilada de las puntas de mi pluma y lo que es peor, de mi lengua, que cuando quiero es de lo más peligrosa.