lunes, 25 de julio de 2011

CHIMPUN-CHIMPUM

Definitivamente la edad me pasa factura y noto como me estoy haciendo viejo. Pero además observo como me estoy quedando solo en mis gustos y preferencias a la hora de entender la feria, la fiesta, el baile, la música…Me urgen unas sesiones en el diván de un psicoanalista para que me aclare por qué razón no puedo ser uno más de la masa que se divierte saltando al compás de un chimpun-chimpun monótono y a mi juicio desagradable. Reconozco que soy yo el equivocado porque cuando todo el mundo ve una cosa y tu no, es imposible pensar que el que se equivoca es todo el mundo y no tu. Es como el del chiste del chaval que llevaba el paso cambiado en el desfile militar y su madre pensaba que el único que iba bien era su hijo…
Entiendo el paso del tiempo, la renovación en los conceptos de la fiesta y que para gente que no es de la cuerda, le molesten y cansen las sevillanas. Es normal. Lo que me parece menos normal es que incluso a esa otra gente que todavía quedamos –muy pocas-, las sevillanas se hayan convertido en la excepción dentro del repertorio de una caseta con un perfil determinado. Y a más a más como dirían los catalanes, cuando ponen sevillanas suelen ser popurrit de Plaza Nueva o las de cachondeo. Es imposible oír a Los Romeros, a Marismeños, al Pali, a Los Hermanos Reyes, a Ecos, etc. etc…Y no hablo de rumbas, de pasodobles, de tangos, de esa música tan recurrente y divertida para momentos de la noche en la que todo el que tiene cuatro copas, necesita saltar y brincar al son de Rafaela Carrá, del Barrio, de Rosario, de Pastora Soler, de Niña Pastori y un sinfín de artistas que ofrecen esas canciones desenfadas y muy propias para una feria. Ya puestos, son perfectamente admisibles esas otras canciones de siempre para los veranos que como nadie supo comercializar George Dann  y por supuesto, los Paquito el Chocolatero de turno. Nada que objetar. Ahora bien, la música discoteca, esa que yo llamo en mi ignorancia del chimpun-chimpun, se me hace extraña e incomprensible en determinadas casetas que quedaban en el ferial linense y que poco a poco, se han ido pasando a ese lado “oscuro” dicho con sorna y sin pretensión de ofender a nadie, obviamente.
Y por otro lado, es lo que hemos de asumir quienes no pertenecemos a ninguna peña ni asociación en la que pudiésemos opinar al respecto. Agradecidos encima que entramos y nos divertimos “por la cara”, sin más compromiso que ir cuando nos da la gana, limitarnos a pagar nuestras copas y ocupar un sitio al que no tenemos ningún derecho legítimo.
Como siempre en mis artículos me limito a opinar libremente y no por eso siento cátedra alguna ni estoy en posesión de ninguna verdad. Simplemente expreso públicamente mi tristeza porque viví otra cosa en otros tiempos y cuando las canas se apoderan de ti, sin querer te vuelves nostálgico y seguramente un mucho de majaron. Soy de la opinión que la música disco la tienes todo el año en cualquier local y llegando la feria, en el sur de España, me parece más lógico defender nuestro folclore que guste más o guste menos, se basa en las sevillanas, las rumbas y los compases flamenquitos. Otra cosa es que quien no va en todo el año a una discoteca, llegada la feria necesita bailar esos ritmos impuestos que le son nuevos.
En  fin, que son cosas de viejos, de cascarrabias, de puretas, de confundidos por la noche y todo eso. Pero al menos, mientras Dios me de salud, procuraré seguir buscando esos rescoldos que aunque cada vez más escasos,  quedan todavía de quienes consideran como yo que no cabe la resignación, sino el mantenimiento de criterios con firmeza ante la avalancha de quienes han decidido cargarse lo que es nuestro. Y tengo la fortuna de comprobar por el momento que hay ciudades en las que si existe ese afán como Jerez, Sanlúcar, El Puerto de Santa María…Están las casetas del chimpum-chimpun, las que alternan una cosa con la otra y las que se mantienen en sus raíces como diciendo: “Aquí no, lo siento…Se ha confundido de caseta. Lo nuestro son catavinos, manzanilla, sevillanas, vestimenta adecuada…Lo de toda la vida”…
Y acabo pidiendo disculpas a mis lectores por la grosería, pero lo único que me queda es asumir mi inconformismo con una ordinariez muy de moda: “A mamarla”…