Me cuentan, porque no tuve la oportunidad de vivirlo “in situ”, que en el partido que enfrentó a la Balona con el Badalona perteneciente a la Copa del Rey, se formó la marimorena por un asunto ajeno al deportivo y que de alguna manera empañó el excelente resultado.
Es una lástima que precisamente en un momento dulce que vive el equipo blanquinegro, al final, en lugar de hablarse del éxito, se gaste saliva en un tema desagradable y que delata el talante de algunos.
Hablo siempre por referencias y comentarios que me llegan, ya que insisto no estuve presente y corro el riesgo de meter la pata. Conociendo al personal, lo dudo.
Para quienes no saben de qué estoy hablando, la penosa circunstancia se dio porque al parecer, el presidente del club invitó al palco al ex-concejal Manuel Aguilera y esto no gustó en absoluto al actual edil de deportes. Esto, contado así puede dar lugar a diferentes versiones. En primer lugar porque el palco del estadio es municipal –como todo el recinto- y no propiedad de la Balompédica. Esto significa que quien tiene autoridad para invitar o no a ese palco es el Ayuntamiento y no el club. Pero aún así, en mi opinión, el concejal, el Alcalde, el ministro o quien sea, debe exponer su postura a posteriori, aclarar la situación e instar a que no vuelva a repetirse en lo sucesivo, en evitación de conflictos. Pero lo que no puede hacerse –también en mi opinión y en la de otra mucha gente- es montar el pollo en ese momento, dando lugar a un espectáculo indigno, inoportuno, ridículo, absurdo y cargado de mala intención.
Pero ahora vamos a la otra parte. Alfredo Gallardo, por activa y por pasiva, ha demostrado tener reaños y suficiente capacidad para regir los destinos del club, mientras que el actual concejal de deportes está por demostrar su interés por la Balona y por todo lo demás. Manuel Aguilera, guste más o guste menos, ha buscado pasta para la Balona hasta debajo de las piedras y eso le ha hecho merecedor de simpatías en centenaria entidad blanquinegra, además de recibir no hace mucho tiempo la medalla de oro del club. Pero además de esto, Aguilera se ha pagado de su bolsillo el abono de palco y simplemente –todo esto me lo cuentan- esa noche apareció en el estadio junto a un empresario que recientemente depositó en el club la friolera de 200.000 €. Estos son argumentos más que sobrados, para que el presidente Balono se vea en la obligación moral de dar un sitio de relevancia al empresario y obviamente a su acompañante, sea el querido u odiado Manuel Aguilera, o sea otro cualquiera. Este es el idioma que no entiende la gente del PSOE, allá donde estén presentes. Los protocolos, los respetos, las deferencias, hay que mantenerlas siempre y saber estar, tener educación, clase, estilo, personalidad, no está reñido –no debiera- con ser de izquierdas, de derechas, de centro o “pa dentro”.
Pero claro, cuando la filosofía es la de cortar cabezas, imponer nuevos criterios sean como sean estos, arrasar con lo de antes sea bueno o malo y sacarle sangre al anterior donde se pueda, pasan estas cosas tan desagradables.
Si el concejal no está cómodo con la presencia en el palco de algún invitado concreto, lo lógico es que al finalizar el partido, se busque la forma de reunirse con el presidente de la entidad y sugerirle que para la próxima tenga en cuenta sus preferencias, pero provocar un altercado durante el encuentro lo único que consigue es retratarse como un nefasto anfitrión, un maleducado, un mete pata, un aguafiestas y desde luego un antipático linense que no hace honor de Balono, desde luego.
Y a todo esto, el presidente, los directivos, los invitados, los abonados al palco y hasta la señora de la limpieza que deciden marcharse de allí y seguir presenciando el encuentro en la preferencia. Lamentable. Parece ser que entre las escasas personas que se quedaron allí, estaba también el edil andalucista Ángel Villar. Me lo figuro deseando que lo tragase la tierra porque en su situación qué puede hacerse. Si se marcha, está posicionándose con Gallardo y deslegitimando al concejal de deportes. Y si se queda, deslegitima a la Balona y se hace la foto junto al socialista, tal y como viene haciendo desde el pasado 22 de mayo. Lo dicho: ¡¡tierra trágame!!.
Y es que la permanente crispación política que sufre esta ciudad no la calma ni la Balona, ni la euforia de sus resultados, ni la ilusión en el equipo, y me temo que ni el deporte en general.
Otra vez empieza a oírse esa maldita leyenda que decía “La Línea no tiene solución”, aunque desde 1999 se demostró que sí podía tenerla. Con políticos así, desde luego que no.