martes, 19 de abril de 2011

COFRADES RESPONSABLES

Quienes hemos sido responsables en algún momento de nuestra vida de los destinos de la Hermandad de los Dolores de La Línea, sin duda alguna hemos cometido muchos errores. Pero también sin duda hemos sido los protagonistas de muchos aciertos. Es condición humana cuando se ejerce una tarea acertar y equivocarse al mismo tiempo.
De todo esto podemos sacar algunas conclusiones que como siempre que doy mi opinión sobre algo, habrá quién la comparta y quién no. De esos errores cometidos en el pasado y en el presente, algo habrá supuesto de aprendizaje para el resto de los mortales, aunque solo haya sido para no caer en los mismos fallos. Pero también, de los aciertos, se han servido otros muchos cofrades que han sabido leer entre líneas y aplicar en positivo nuestras experiencias.
Mucho se nos podrá criticar, pero es de justicia que también se reconozca que en un momento de la historia cofrade de nuestro pueblo, supuso un revulsivo importante nuestra forma de hacer las cosas y lanzarnos a la piscina para avanzar “a lo grande”, sin más conformismo ni desidia.
Y llegó el momento de cuestionarnos salir a la calle o no cuando existía amenaza de lluvia. Nuestra hermandad empezaba a tener un patrimonio considerable y ya no era cuestión de exponer al capricho de la meteorología solamente las imágenes, que ya es exponer. Empezábamos a contar con bordados, con tallas, con piezas de orfebrería que nos estaban costando la misma vida conseguir a base de mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio. Pero cría fama y échate a dormir. Nosotros nos convertimos de inmediato en diana de algunas envidias impropias entre cristianos y estigmatizados con sellos como “los bigotitos”, los “tiquismiquis”, los “pejigueras” o incluso se nos tachaba de querer irnos pronto para ver las cofradías de Sevilla. No dependía de los horarios, pero desde luego siempre que nos era posible nos desplazábamos a la capital andaluza donde más y mejor se aprende de cofradías. Gracias a eso, lo que veíamos y oíamos, lo aplicábamos luego aquí como buenamente podíamos. Insisto en que nos equivocamos en muchas cosas, pero uno de los detalles que más nos marcaron para siempre, es la de tomarnos en serio una salida procesional. Una cofradía en la calle no es una cabalgata, con todos mis respetos a las cabalgatas.  No es un espectáculo concebido para el divertimento del público en general. Es sencillamente una exposición, un culto externo a unas imágenes religiosas que por una razón u otra, se han convertido en nuestras devociones. La libertad del pueblo llano es verla pasar, o participar en ella integrándose en la hermandad, o simplemente pasar olímpicamente de esas opciones y marcharse a un camping en estos días de Semana Santa. Pero lo que no es opcional, es censurar a quienes desde su responsabilidad ostentan un cargo dentro de la junta de gobierno de esa hermandad y en un ejercicio serio de responsabilidad, deciden no salir a la calle en un día cuyo riesgo de lluvia es evidente. Y no vale eso de :”ahora no está lloviendo”, porque puede que lo haga media hora después, o una hora, o nunca…Es un riesgo que no deben asumir quienes no son más que unos administradores temporales de un patrimonio creado para legado de los que vengan luego.
Cuentan de una hermandad sevillana que a costa de ser “valientes” un año y exponerse a la lluvia, estuvo luego veinte años restaurando el palio tras los daños que la lluvia hizo en sus valiosos bordados. Y más reciente es el caso del Hermano Mayor del Cachorro sevillano que durante los cuatro años que duró su legislatura, no pudo ver a su Cristo en la calle porque los cuatro años llovió o al menos, esa era la previsión. Otro, siendo un irresponsable, lanza el cortejo a la calle y que luego se apañen los siguientes en el cargo.
Por eso aquí confundimos la valentía con la responsabilidad. Los bordados están hechos al realce sobre cartones y estos cuando se mojan se destrozan. Las imágenes son tallas de madera y todos sabemos que le pasa a la madera cuando se moja. El pan de oro que recubre los pasos de misterio directamente se va con el agua que le cae encima. Y así todo. En nuestro caso, peor aún que estamos haciendo el paso del Señor costeándolo entre diez personas de nuestro propio bolsillo y sin ayuda de nadie. Por eso tarda tanto y por eso va tan lento, porque nos supone mucho esfuerzo personal, mucha “fatigita” todos los meses. Lo hacemos con gusto y con el afán de dejarle a la hermandad, a la Iglesia, a nuestro pueblo en definitiva una verdadera joya, una obra de arte. Pero en su proceso, la madera está aún sin barnizar y por lo tanto es una esponja que si llega a mojarse, puede que todo el esfuerzo se vaya al traste.
A quien más le duele tomar la decisión de quedarse dentro es sin duda al hermano mayor y a su junta de gobierno. Eso no es plato de gusto para nadie, por eso, los más pequeños que andan en otro mundo, no tienen capacidad de entender esto. Lo lamentable es que no lo entiendan los mayores. Mis hijas, al conocer la noticia y saber mi opinión, me miraban dentro del templo con cara de querer matarme, pero lo prefiero antes de que cuando sean mayores, no puedan disfrutar llegado el Martes Santo de un paso de misterio como merece el Señor de las Penas, por culpa de que una medida irresponsable les hubiese privado de eso para toda la vida.
Ya hay cofradías en Sevilla de las que tienen su salida la madrugada o el viernes, que han decidido no salir ante tanta amenaza de lluvia. Eso es ser serios y responsables. Lo demás es jugar a ser cofrades y a confundir la valentía que es precisamente, tomar la frustrante e impotente decisión de quedarse dentro un año pensando en el futuro y no solo en las horas inmediatas.