Es un símil muy utilizado de manera coloquial este del castillo de naipes, cuando quiere referirse a la fragilidad de una supuesta fortaleza construida precisamente con naipes. A nadie que lo haya comprobado, incluso a quienes solo lo imaginen, podrá escaparse lo endeble que resulta ir colocando naipes unos encima de otros, hasta acabar la baraja. Si se logra la hazaña, apenas con la propia respiración del “héroe”, acabará la paciente y breve historia, en una vana intentona de ir contra la física.
Algo parecido está pasando en el PSOE andaluz en estos últimos tiempos. Las peleas y disputas internas que ellos disfrazan con que son un partido muy democrático, les está llevando a una guerra interna sin cuartel, cuyas consecuencias más graves las pagamos los ciudadanos que estando ajenos a sus intereses bastardos, terminamos siendo las víctimas de todo el conflicto. Incapaces de dar soluciones a los muchos problemas creados por ellos mismos, dedican su tiempo a darse codazos primero y puñaladas después, en lugar de trabajar para sacarnos de esta maldita crisis, tal y como prometieron y para los que se les brindó sus cargos.
Los numerosos escándalos en la Junta de Andalucía jamás saldrán a la luz, porque son tantos y pertrechados durante tantos años, que resultará imposible deshacer la madeja al completo, así pasen siglos. Pero cuando menos, vamos poco a poco conociendo casos que además de asco, provocan un desánimo tremendo en una población cada vez más desesperada, decepcionada, desilusionada y aburrida, considerando que todos los políticos son iguales y así, por culpa de unos cuantos golfos, caen todos en el mismo saco. Injusto pero real como la vida misma.
Tras lo último que es el caso de los ERE, ahora empieza la verdadera sarracina y van saliendo a la luz pública, parte de estas disputas y desencuentros entre los mal llamados socialistas andaluces.
González Cabañas, incomprensible presidente de la Diputación de Cádiz, se desespera en su sillón dorado viendo que pierde el cargo y el poder. Con un odio visceral y palpable, a toda costa ha peleado por quitarse de en medio a la actual alcaldesa de Jerez, Pilar Sánchez. No la quiere ni en pintura y públicamente la ha desacreditado cada vez que ha podido, incluso, sacando a la palestra una alternativa después de haber sido refrendada como candidata por el federal. Y es que aquellos tiempos en los que Chaves, Perales, Zarrías y Pizarro eran los únicos dueños del cortijo, pasaron a la historia. Perales falleció desgraciadamente. Chaves, fue retirado del poder llevándoselo a Madrid con un carguito. Zarrías y Pizarro, en su continua distancia personal y política, siguen en la brecha pero cada vez con menos fuerza. Y al final, Griñán, actual presidente de la junta, se cepilla a Gabriel Almagro, delegado del gobierno en Cádiz y ante el rebote que pilla el jefe de esa cuerda Luis Pizarro, dimite como consejero de Justicia…
Todo empieza a desvanecerse como un simple castillo de naipes. Pero hasta las próximas elecciones autonómicas aún nos queda todo un año en el que sin duda, vendrán más escándalos, más peleas, más dimisiones, más destituciones y más polvareda para ensuciar una Andalucía desgobernada, maltrecha, atrasada con respecto a las demás regiones y castigada desde dentro por mor de unos políticos de escasa estofa y moralidad.