Nunca hubo esa química necesaria entre el y yo. Los dos José Luis, los dos virgo, los dos linenses viscerales, los dos comprometidos socialmente, los dos “opinadores” natos de todo, los dos discutidores, los dos creadores de polémica con cualquier cosa que expusiéramos públicamente y en fin, los dos ejerciendo en un pueblo en el que casi nada de lo anterior se perdona fácilmente. En estos casos lo mejor es pasar desapercibido para la mayoría. Gastar la vida sin pena ni gloria y limitarte a callar ante lo que acontece a tu alrededor. Pero claro, cuando tienes personalidad, criterio, opinión y eres de los que te mojas, lo incuestionable e ineludible es que te caiga encima una lluvia de críticas y seas diana de multitud de comentarios muchos de ellos gratuitos, infundados e injustos.
Pero así es la vida de caprichosa. Al final, terminó convirtiéndose en mi suegro por mor de las circunstancias. Enamorarme de su hija era el precio que tenía que pagar, pues no era posible disociar un detalle del otro. Iba en el lote.
Pero hoy, transcurrido el tiempo, como casi siempre ocurre, las cosas no necesariamente son como tu las imaginas, como las piensas, o como te las cuentan. Todos somos dignos de ser tratados y conocidos antes de soportar el sambenito que quiera esa mayoría que no tiene por qué ser propietaria de la razón absoluta.
Mi suegro no es el bravucón que pudo ser en sus tiempos mozos y desde luego, en la cercanía de su distancia corta es un hombre generoso, desprendido, afable, divertido, irónico, y coleccionista de virtudes y defectos, como yo, como tu, como aquel y como todo el mundo. Tuvimos desencuentros felizmente superados y hoy presumo de conocer a un ser humano que dista mucho del que me pintaron interesadamente. Sigo sin comulgar con el en muchas cosas y eso no hace sino enriquecer nuestra relación personal, la cual reclama un entendimiento que otrora nos fue hurtado inconscientemente.
Y todo esto viene a cuento porque me revelo ante la situación de no seguir viéndolo en el ruedo lidiando a diario como siempre. No tiene edad ni limitaciones físicas o psíquicas como para retirarlo y en todo caso, lo mal aconsejaron y eso le supuso jubilarse antes de tiempo. Pero vale que profesionalmente haya cerrado una etapa en su vida. Lo que no es entendible es que teniendo la memoria privilegiada que conserva con presunción, se olviden de el con tanta facilidad en determinados ámbitos. Por ejemplo: el centenario de la Balona. Pepe Iria, pese a quien pese, es quién más sabe y conoce de la historia de esta institución, porque no en vano ha recorrido España entera junto al histórico club retransmitiendo sus partidos. Se inventó el “gol y gol” tan repetido y arraigado en la afición en el municipal linense. Ha publicado miles de crónicas; ha entrevistado a jugadores, entrenadores, presidentes, directivos; ha vivido con intensidad cada temporada de las últimas décadas del equipo y sin embargo, nadie le ha invitado siquiera a un simple y sencillo saque de honor, en un partido cualquiera en la tercera división…Pero peor, es que nadie lo tenga en cuenta a la hora de organizarse un centenario al que sin duda podía aportar muchos datos, leyendas, anécdotas y hechos que han conformado esa efeméride que con tanta ilusión se está preparando.
A mi, siendo más joven e inexperto que el, me suena todo esto bastante, pues en La Línea es difícil ser profeta y por el contrario, muy fácil que no te consideren en cuanto algún mediocre descubra que tu no lo eres y que puedes hacerle sombra. Destacar, para mal o para bien, resulta imperdonable y Pepe Iria, ha destacado siempre para mal y para bien.
Nadie se de por aludido porque hablo en general y de nadie en particular, pero si fuese el caso, le recomiendo que se compre un saco de ajos, por aquello de que “el que se pica…”