Que España no está para tonterías lo sabemos todos. Que no está tampoco para esperar mucho tiempo para tomar medidas, también lo sabemos. Y lamentablemente, tampoco España ha podido en esta ocasión hablar de cien días de cortesía para un gobierno que más que tomar posesión de sus cargos, lo que ha tenido que hacer es encargar trajes de bomberos y kilómetros de manguera para apagar un incendio que está destruyendo nuestro país.
Como es habitual, han sido miles o incluso cientos de miles los españoles que de momento han empezado a clamar a los cielos por unas medidas económicas que estoy convencido no conocen al detalle. Nos hemos quedado con el discurso fácil y simplista que nos ha vendido una oposición que como pasa siempre, pretende sacar el mayor rédito posible. La demagogia es una manera deshonesta de actuar, pero forma parte del juego político y suele utilizarse cuando no se tiene discurso. En este caso, ha sido evidente esta demagogia por parte de partidos políticos, sindicatos y otros agentes sociales interesados. Pero siendo justos también tiene su explicación.
El presidente Rajoy, la vicepresidenta Saenz y el ministro Montoro, se jactaron en campaña de proclamar a los cuatro vientos que no se iban a subir los impuestos. También decían que subir los impuestos en estas circunstancias no serviría para generar empleo sino para más ruina…Es obvio que después de decir estas cosas en una campaña electoral, si al mes dices que vas a subirlos, la gente se te echa encima, te llama mentiroso y monta en cólera hasta el lucero del alba. Pero como los discos de antes, esta es la cara A. Oigamos también la cara B si queremos ser objetivos y sobre todo, si verdaderamente queremos enterarnos de las cosas antes de opinar gratuitamente y aborregando nuestros criterios.
No me olvido del comportamiento ruín, vil, tramposo, de pirata filibustero que con tanta habilidad practicó Rubalcaba en el debate televisivo. No me olvido cuando con tanta insistencia preguntaba a Rajoy si era capaz de hacer publico que no iba a subir los impuestos. Rubalcaba que no es capaz de jugar limpio ni al parchís con su hijos, guardaba la carta en su manga de no haber dicho la verdad en las cuentas del Estado. Por eso una y otra vez, Rajoy, Saenz y Montoro insistían en que con esos números que obraban en su poder no había que subir los impuestos. Pero llega la realidad.
Cuando el Partido Popular gana las elecciones lo primero que hace publico es que el traslado de poderes ha sido impecable, pero muy poco tiempo después descubre que todo era una burda mentira y una vez más, los dirigentes del PSOE han demostrado estar muy por debajo de esas siglas históricas. Los números no eran los que decían. Las circunstancias eran bastante más duras de las que decían. La ruina de nuestro país era mucho más grave de la que decían…Y así nos va.
El nuevo gobierno tiene que actuar con celeridad si no queremos acabar como Grecia u otros países que se tomaron a chufla esto de la crisis. Y tiene que decir donde dije digo, digo diego y tragarse con patatas sus promesas de campaña de no subir los impuestos. Si tu prometes a tu hijo llevarle al cine todas las semanas y luego resulta que te quedas en el paro y no tienes para comer, un día tendrás que explicarle a tu hijo que lo del cine hay que dejarlo temporalmente dadas las circunstancias. Es posible que el chiquillo por ser un chiquillo, por su inmadurez, por su desconocimiento, considere que el padre es un mentiroso y no lo entienda, pero si el niño tiene cierta madurez y en cuanto se hace mayor, comprende la historia y probablemente valore en positivo la actitud honesta de su padre.
Aquí pasa lo mismo. Los partidos de la oposición aprovechan la coyuntura para no decir la verdad completa. Por ejemplo que eran 25.000 millones de euros más los que se gastaron de lo que dijeron los socialistas. Tampoco dicen que no se trata de una subida en el IRPF a lo bestia y sálvese quien pueda. Es una subida proporcional y para muchos casos inexistentes. Son seis millones de españoles los que no van a verse afectados por esta medida. Y son más de cinco millones los que van a tener que pagar en torno a 20 € al año, lo que tampoco supone la catástrofe para una familia. Tampoco dicen que a los bancos más beneficiados por el anterior gobierno van a tener que provisionar 50.000 millones más para limpiar sus balances, ni que a los bancos que se les ha ayudado con dinero publico se les ha bajado el sueldo a sus directivos.
En definitiva, lo peor no es la decisión que se tome en sí, sino como se cuenta en la prensa, en la tele, en todos los medios y mientras en el PSOE son unos fenómenos en eso de la manipulación informativa, en el PP distraen ese apartado y al final no llega a la gente la letra pequeña de unas medidas que son indispensable tomar, si no queremos llegar a la bancarrota a la que nos condenaron Zapatero, Rubalcaba y compañía.