Hacía tiempo que no escribía en mi blog. No obedece a nada en concreto, más allá de a dedicar el tiempo a otros menesteres. Solo eso. Y lo hago ahora porque desde la impopular sentencia a los asesinos de Marta del Castillo, me quedaron ganas de hacerlo. Luego, se calmaron un poco mis ánimos, pero ahora, con el asunto de Garzón, nuevamente me apetece expresar mi opinión de manera ordenada y públicamente.
Aquella sentencia de Marta del Castillo nos dejó a todos con cara de póker, indignados, impotentes, asqueados, decepcionados y volviendo a recordar al que fuese alcalde de Jerez, Pedro Pacheco que acuñó la célebre frase: “La justicia en España es un cachondeo”.
Cada día tengo más claro que opinar es gratis. Pero conviene documentarse antes de hacerlo si no se quiere correr el riesgo de hacer el ridículo o simplemente dejar constancia que opinas sin criterio, sin conocimiento de causa y sin credibilidad. Por eso, tras mi indignación e incomprensión por aquella sentencia tan “injusta” en mi opinión, procuré enterarme desde el prisma de los juristas, de los profesionales de la justicia, de quienes conocen las leyes y los argumentos para aplicarla. El resultado no pudo ser más concluyente: “La sentencia del caso Marta del Castillo está suficientemente fundada, motivada y desde el punto de vista jurídico impecable”. Así se pronunciaban los profesionales de la judicatura a raíz de aquella “impopular” sentencia en la que quedaban absueltos todos los colaboradores en el terrible asesinato de la chiquilla sevillana.
Pero qué curioso…Pasadas algunas semanas nos encontramos en el banquillo de los acusados al juez más superguay, más superguapo, más superDios y más supertodo que ha parido este país…nada más y nada menos que a D. Baltasar Garzón.
Tras el primero de los tres juicios que tiene pendiente el mediático juez, se hace pública la sentencia y esta no gusta a los socialistas. Claro porque ahora no se trata de hacer justicia, sino de que esta se pronuncie a favor de una de las partes de manera parcial, sesgada y subjetiva tal y como el operaba con la toga.
No podemos olvidar que para sorpresa de la mayoría y decepción de muchos, el juez Garzón apareció como numero dos en la lista del PSOE en los tiempos gloriosos de Felipe González. Esto dejó clarito y meridiano de qué palo iba este juez. Alguien que debe quedar al margen de la política y dar imagen de imparcialidad e independencia, se coloca bajo el paraguas del partido de moda y más poderoso en España…Pero aquello es historia.
El presente habla de un personaje que se ha creído por encima del bien y del mal. Ha pensado que por ser juez y estar protegido políticamente podía saltarse a la torera la ley, la moral, la constitución, el estado de derecho y la propia justicia. Todo el mundo a sus pies, porque lo dice el juez Garzón. Va ser que no guapetón.
Todos los jueces del Tribunal supremo –siete en concreto- han dictaminado que no se puede prevaricar aunque uno se llame Garzón y sea juez. Pero después de esa sentencia, no he oído a ningún profesional del derecho cuestionar ni poner en solfa esta sentencia. Es unánime el dictamen…¿Quién está en desacuerdo entonces?...Pues la gente del PSOE, claro, y los radicales comunistas que sueñan con el totalitarismo y el fascismo de imponer a la fuerza lo que uno piensa.
Los demócratas estamos satisfechos no con que a un juez lo condenen de esa manera ni de otra. Estamos satisfechos que nadie se crea que puede cometer irregularidades creyéndose impune. Estamos satisfechos de sabernos que todavía, pese a quienes intentan boicotearlo a diario, vivimos en España dentro de un estado de derecho.
Respetemos las opiniones de todos, pero sobre todas ellas, las que estén fundamentadas. Manifestarse en la plaza del pueblo simplemente porque alguien te cae bien, es guapo, o es de tu partido, no es suficiente desde mi punto de vista. Primero conviene enterarse qué ha hecho este sujeto. De momento prevaricar y saltarse a la torera la ley debiendo dar ejemplo de lo contario. Aún le quedan dos vergüenzas más. Espero que también se haga justicia en ambos casos.
COMENTARIO QUE ME PASA ERNESTO DE VILLAR CONDE
En mi opinión el caso Garzón uno de los que a diario nos vienen a recordar que España, sobre todo en lo que a opinión pública se refiere, sigue (seguimos, me meteré) nadando en la mediocridad. Esa que luego nos lleva a tener los gobernantes que tenemos, claro. Y es que la opinión pública aborregada en sí misma y en los medios de comunicación ("independientes") somos al fin y a la postre los votantes que allí los colocamos.
E insisto en que el affaire no es tal en términos técnicos, sólo existe polémica en lo que concierne a la opinión de la calle. ¡Hay que ver! veo a diario decir a muchos (Pilar Bardem o Carmen Chacón entre ellos, claro), ¡para una vez que hay un juez que se faja con los grandes delitos históricos (franquísmo) o de rabiosa actualidad (Gürtel), van los fachas del Supremo y lo inhabilitan! (penosa imagen de Llamazares despotricando de la decisión judicial, dándoselas de demócrata de izquierda progresista, ¡Dios mío, qué palabra!).
Garzón, dígase lo que se diga, ha demostrado no ser más que un cantamañanas que un buen día aprobó una oposición de judicatura (que no es moco de pavo, por cierto) y a quien lo que le ha caído (y lo que le queda por caerle) le ha caído tarde porque viene desde hace mucho tiempo comprando todas las papeletas del sorteo. Ningún juez, y menos si es de la Audiencia Nacional, está para ser sólo mediático. Si tú vas y empuñas la espada del Capitán Trueno y te metes a enchironar a Pinochet queriéndolo juzgar en España (hace falta ser imbécil), más allá de organizar un cursito de Verano en tu pueblo, (Torres, sierra Mágina de Jaén) para triunfar en el patio de tu casa, con Bono de pareja, ¡vaya dos!, y que hablen de ti los periódicos y la radio patrias, lo único que te puede pasar es lo que le pasó a él: hacer el ridículo más espantoso a todo lo ancho del orbe. Y Pinochet, como si te operas.
No hay "caso Garzón", continúo. Puede que los enchironados por el caso Gürtel fueran culpables de delitos importantes, de acuerdo. Pero poner micrófonos para grabar de forma ilegal las conversaciones entre imputados y abogados defensores es en sí mismo un delito, que no garantiza una justicia justa de un estado de derecho (como leyó el juez portavoz de la sentencia). Admitir tales mecanismos de investigación judicial nos lleva a posiciones de regímenes totalitarios: la stassi de la RDA, la Cuba actual, Corea del Norte o un largo etcétera (¿así nos quieren algunos?). Eso es lo que se ha juzgado, ese delito se llama prevaricación y si encima lo comete un juez, lo que se gana es la inhabilitación. Y por unanimidad, por si hay dudas acerca de colores en los asientos del Supremo. No hay más.
Es curioso. Garzón, en su día afincado en las filas del PSOE, tiene narices la cosa, sale en su momento trasquilado de allí probablemente por competir en fachada con Felipe González y el superministro Belloch. Y ¿qué hace? Se mete a juzgar a los GAL y mete entre rejas a Vera y a Barrionuevo (y no a Felipe González, aún no sé por qué). ¿Por qué?. Pues porque los GAL hicieron la guerra sucia al terrorismo más allá de los métodos propios de un estado de derecho, aparte de las formas chapuceras: secuestros (encima Segundo Marey no era ni terrorista ni nada) o uso de fondos reservados, entre otras cosas para jugar a la ruleta Amedo y Domínguez en el Casino de San Sebastián, como si de James Bond en Casino Royale se tratasen. ¿Y que pasó?: Garzón, sí, sí Garzón, este mismo, dicta sentencia y Vera y Barrionuevo al talego. Y Felipe González en la puerta abrazándolos. Y ellos con cara de circunstancias mirándolos y, digo yo, pensando: ¡ay cabrón y tú qué! Pues ese caso que se demostró delito lo juzgó y lo condenó este mismo don Baltasar: "métodos extra-democráticos, no ajustados a justicia, de persecución del crimen organizado por parte de los mandatarios de un estado que se suponía de derecho. Y ahora qué. ¿En qué quedamos?
Pues quedamos en que ahora va y se mete a juzgar los crímenes del franquismo. Crímenes ya prescritos por el efecto de varias amnistías que por acuerdo de todos los partidos políticos (el PC y Santiago Carrillo entre ellos, curiosamente muy posible imputado por “lo” de Paracuellos) quedaban sin efecto según una ley, la llamada "de pasar página", en bien de la reinstauración pacífica de la democracia tras el (largo, ay) paréntesis dictatorial.
Y luego va el nota y le trinca a Botín, el banquero estrella, un millón de Euros para estudiar en Nueva York previo archivo de dos causas que don Emilio tenía pendientes con la justicia y que a él tocaba juzgar. Pues poco te va a caer, para lo que debía.
E insisto en que el affaire no es tal en términos técnicos, sólo existe polémica en lo que concierne a la opinión de la calle. ¡Hay que ver! veo a diario decir a muchos (Pilar Bardem o Carmen Chacón entre ellos, claro), ¡para una vez que hay un juez que se faja con los grandes delitos históricos (franquísmo) o de rabiosa actualidad (Gürtel), van los fachas del Supremo y lo inhabilitan! (penosa imagen de Llamazares despotricando de la decisión judicial, dándoselas de demócrata de izquierda progresista, ¡Dios mío, qué palabra!).
Garzón, dígase lo que se diga, ha demostrado no ser más que un cantamañanas que un buen día aprobó una oposición de judicatura (que no es moco de pavo, por cierto) y a quien lo que le ha caído (y lo que le queda por caerle) le ha caído tarde porque viene desde hace mucho tiempo comprando todas las papeletas del sorteo. Ningún juez, y menos si es de la Audiencia Nacional, está para ser sólo mediático. Si tú vas y empuñas la espada del Capitán Trueno y te metes a enchironar a Pinochet queriéndolo juzgar en España (hace falta ser imbécil), más allá de organizar un cursito de Verano en tu pueblo, (Torres, sierra Mágina de Jaén) para triunfar en el patio de tu casa, con Bono de pareja, ¡vaya dos!, y que hablen de ti los periódicos y la radio patrias, lo único que te puede pasar es lo que le pasó a él: hacer el ridículo más espantoso a todo lo ancho del orbe. Y Pinochet, como si te operas.
No hay "caso Garzón", continúo. Puede que los enchironados por el caso Gürtel fueran culpables de delitos importantes, de acuerdo. Pero poner micrófonos para grabar de forma ilegal las conversaciones entre imputados y abogados defensores es en sí mismo un delito, que no garantiza una justicia justa de un estado de derecho (como leyó el juez portavoz de la sentencia). Admitir tales mecanismos de investigación judicial nos lleva a posiciones de regímenes totalitarios: la stassi de la RDA, la Cuba actual, Corea del Norte o un largo etcétera (¿así nos quieren algunos?). Eso es lo que se ha juzgado, ese delito se llama prevaricación y si encima lo comete un juez, lo que se gana es la inhabilitación. Y por unanimidad, por si hay dudas acerca de colores en los asientos del Supremo. No hay más.
Es curioso. Garzón, en su día afincado en las filas del PSOE, tiene narices la cosa, sale en su momento trasquilado de allí probablemente por competir en fachada con Felipe González y el superministro Belloch. Y ¿qué hace? Se mete a juzgar a los GAL y mete entre rejas a Vera y a Barrionuevo (y no a Felipe González, aún no sé por qué). ¿Por qué?. Pues porque los GAL hicieron la guerra sucia al terrorismo más allá de los métodos propios de un estado de derecho, aparte de las formas chapuceras: secuestros (encima Segundo Marey no era ni terrorista ni nada) o uso de fondos reservados, entre otras cosas para jugar a la ruleta Amedo y Domínguez en el Casino de San Sebastián, como si de James Bond en Casino Royale se tratasen. ¿Y que pasó?: Garzón, sí, sí Garzón, este mismo, dicta sentencia y Vera y Barrionuevo al talego. Y Felipe González en la puerta abrazándolos. Y ellos con cara de circunstancias mirándolos y, digo yo, pensando: ¡ay cabrón y tú qué! Pues ese caso que se demostró delito lo juzgó y lo condenó este mismo don Baltasar: "métodos extra-democráticos, no ajustados a justicia, de persecución del crimen organizado por parte de los mandatarios de un estado que se suponía de derecho. Y ahora qué. ¿En qué quedamos?
Pues quedamos en que ahora va y se mete a juzgar los crímenes del franquismo. Crímenes ya prescritos por el efecto de varias amnistías que por acuerdo de todos los partidos políticos (el PC y Santiago Carrillo entre ellos, curiosamente muy posible imputado por “lo” de Paracuellos) quedaban sin efecto según una ley, la llamada "de pasar página", en bien de la reinstauración pacífica de la democracia tras el (largo, ay) paréntesis dictatorial.
Y luego va el nota y le trinca a Botín, el banquero estrella, un millón de Euros para estudiar en Nueva York previo archivo de dos causas que don Emilio tenía pendientes con la justicia y que a él tocaba juzgar. Pues poco te va a caer, para lo que debía.
Como diría Antonio Burgos: ¡Tequiyá Garzón!,
Sevilla, 12, de febrero de 2012
