Como era de esperar se desinfla aquel movimiento que comenzó el 15 M. Y no es que haya desaparecido. Sigue su intento de hacer llegar su mensaje a la sociedad en asambleas por barrios. Eso al menos es lo que dicen y se supone que en algunas ciudades como Madrid. En Barcelona sin embargo, el movimiento “pacifista” que parecía tener respaldo casi unánime en una sociedad decepcionada con la clase política, empieza a dar la otra cara. Una cara que insulta, que increpa, que molesta, que agrede y que pierde su discurso de manera fulminante ante quienes todavía podían andar dubitativos con respecto al movimiento.
Esta misma mañana he visto como agredían a una redactora de Tele 5 quitándole el pinganillo, llamándola manipuladora e impidiendo hacer su trabajo de informar. También esta mañana en Onda Cero, han sido muchas las personas que han llamado al programa de Carlos Herrera para mostrar su indignación, precisamente con estos supuestos indignados que están manchando una causa que contaba con una enorme simpatía popular. En Antena 3, más de lo mismo, pues se veían imágenes de actitudes violentas y desde luego, todos, absolutamente todos los que intervenían en todos los programas de radio y televisión, coincidían en que lo que queda en las acampadas no es más que unos grupos de desarrapados, sucios, con sus pelos rastas, con los perros flautas y reivindicando no hacer ni el huevo. Poco más. Una señora incluso se mostraba muy triste porque decía haberse acercado a la plaza para interesarse por el movimiento y se encontró con que allí en lugar de informarle lo que hacían eran vender televisores de segunda mano, ordenadores viejos y en medio de un olor pestilente.
Y más cerquita, en la ciudad en la que vivo que es Jerez de la Frontera, los comerciantes y hosteleros de la Plaza del Arenal, denuncian su cansancio, no solo por la ruina en sus ventas que les ha causado esta acampada, sino porque estas reuniones dedican la noche a hacer ruido e impedir que la gente se siente en un velador a tomar un refresco los que así lo quieran, o aún peor, impedir el descanso de las personas que vive en los aledaños de la plaza. Y en La Línea, contaba una señora que el otro día en la Plaza de la Iglesia tuvo que salir el cura para pedir que le dejaran decir la Misa. Por eso no es legítimo ni siquiera respetable un movimiento que basa su denuncia en el respeto y a lo que se dedica es a no respetar a los demás.
Tenía que pasar. Era lo más lógico, pues en un país que vive en democracia no puede reivindicarse democracia. En un país donde hay libertad, no puede reivindicarse libertad. Y en un país donde hay justicia no puede reivindicarse justicia. Otra cosa es que ni la democracia, ni la libertad, ni la justicia que tenemos funcionen debidamente. Pues habrá que cambiarlas. Pero cambiarlas desde las instituciones legítimamente constituidas por la mayoría. Desde dentro. Mojándote en política. Rompiendo los moldes. Creando un nuevo partido político, con otros criterios de transparencia, con otros organigramas, con otras formas de actuar, con otros parámetros de conducta y con programas de cambio suficientemente atractivos como para contar con el apoyo mayoritario de la sociedad española. Entonces si. Ese nuevo partido, una vez en el gobierno, contaría con fuerza moral para cambiar todo lo establecido y que según la denuncia popular, no vale. Pero todo lo que sea sentarse en una plaza, impedir que la gente ejerza su derecho a disfrutarla, molestar a los vecinos, arruinar a las empresas allí instaladas y finalmente dar cobijo a los sin techo, a los sucios y a los hippies nostálgicos, está condenado a un fracaso que tal vez llegue antes de lo previsto, precisamente porque “canta” que surgiese unos días antes de las elecciones y poco creíble que fuese tan espontáneo como se nos vendió al principio.
En mi opinión, las cosas no se cambian molestando, ni acampando en una plaza, ni faltando al respeto, ni violentamente, ni sin lavarse la cabeza…Las cosas para que tengan resultado, crédito y solvencia hay que hacerlas bien y esto pasa por meterse en las tripas de los asuntos y currárselos desde dentro. Es muy fácil. Si no quieres que haya un Senado, involúcrate en política y elimínalo. Si no quieres coches oficiales, involúcrate en política y no los uses. Si no quieres recortes sociales, involúcrate en política y evítalos con unos presupuestos más justos. Todo puede cambiarse y mejorarse: la justicia, la sanidad, el desempleo, la crisis, los desequilibrios sociales y económicos…todo, sin excepción…pero donde corresponde y no tirado en una plaza dando una imagen patética y lamentable y creando más ruina en tu ciudad.
Empieza a haber muchos indignados con los indignados.