jueves, 17 de marzo de 2011

EL ÚNICO LIBRO

El pasado jueves acabó la duodécima edición de un programa televisivo que desde sus comienzos supuso una auténtica revolución mediática: Gran Hermano. Como digo siempre en estos artículos, soy una persona consumidora de televisión y procuro verlo todo para así tener un criterio de las cosas con más conocimiento.
El fenómeno Gran Hermano, engancha a mucha gente y la inmensa mayoría de esta gente son jóvenes y en muchos casos, personas sin demasiadas aspiraciones a convertirse en “alguien de provecho” como se decía antes. Son interminables las colas de chavales para presentarse al casting, porque lo que se ofrece es del todo atractivo. Te meten en una casa en la que tienes poco o nada que hacer, te pagan por eso, si te expulsan te siguen pagando por ir a los platós de la cadena a despotricar de unos y otros y si ganas, te embolsas la nada despreciable cantidad de 300.000 €. Al final te has convertido en famoso, te pagan por ir a las discotecas a hacerte fotos con la chavalería y aparentemente te han resuelto la vida. Digo aparentemente porque se están conociendo casos de frustraciones posteriores al programa de muchos de estos concursantes que tocaron la gloria durante unas semanas y luego nadie se ha vuelto a acordar de ellos, obviamente.
Lo peor de todo esto, -como siempre, a mi juicio-, es lo frívola que resulta la vida para estos chavales cuando caen en las garras de estas propuestas televisivas y se obnubilan con sus coloristas escaparates. Gastan dinerales en mensajitos que no les sirven ni les aportan nada y sin embargo enriquecen a los propietarios de la productora que les pone el gancho para que piquen.  Y  mientras, se tragan gritos, discusiones, insultos, peleas continuas y ni una sola enseñanza más o menos gratificante. No se da un solo debate con cierta profundidad. No hay nunca una charla amena, constructiva, positiva, interesante. Todos son broncas y demostraciones palpables de unas personas vacías y sin más aspiraciones en la vida que ser un Gran Hermano…Que triste.
Y es que hay ejemplos verdaderamente gráficos de cuánto daño hace esto a nuestros jóvenes. En la edición de este año ha participado  un tal “Yago”, que por su condición de guaperas, de ser modelo y de haber sido noviete de Yola Berrocal, ha sido un perfil perfecto para colocarlo dentro de la casa y lanzarlo como ejemplo a seguir. Pues el tal Yago, un día en la casa se dejó caer diciendo que el único, –atención a esto- , “el único libro que había leído en su vida era la biografía de Nacho Vidal”. Para el que no lo sepa, Nacho Vidal es un conocido actor porno cuyo éxito en las pantallas ha sido mayormente por el excepcional tamaño de su pene. Pues ahí quedó la cosa. Es decir, un programa que están viendo millones de jóvenes, se comen que uno de esos personajes que concursan y que parecerse puede ser su objetivo en la vida, resulta que sus conocimientos culturales se limitan a leer un solo libro y que este sea la biografía de un tipo cuyo exclusivo mérito es tener la polla muy grande. Yo tengo grande la nariz y otros tienen los ojos celestes…¿y qué?...Pues así están las cosas en esta sociedad y ese es el espejo al que nuestros jóvenes se acercan para verse reflejados. Podríamos hacer mucho, pero es más cómodo limitarnos a decir que ante esto, no podemos hacer nada…Y así nos va.