jueves, 10 de marzo de 2011

¿LLEGARÉ A SER UN JUBILETA?

A saber la sorpresa que Dios me tiene preparada. Lo mismo le da por recogerme “ya mismo”, que me deja aquí dando la vara treinta años más, para desgracia de los que les caigo mal. Sorpresa, sorpresa.
La verdad es que uno de los alicientes que tiene la vida es ese precisamente, el de no saber el día que nos dan el pasaporte definitivo, pues si lo supiésemos, nuestra conducta variaría de una manera sustancial.
Y dicho esto para dejar claro que nadie sabe lo que le espera en un futuro, tenemos que implicarnos de lleno en esta tarea de vivir, que en muchas ocasiones se convierte en sobrevivir. Hay que pensar con optimismo que nos queda mucho de vida y así plantearnos disfrutarla con la mayor calidad posible. Por ello se inventó este asunto de la jubilación. Te pegas toda juna vida currando y se hace indispensable llegar a una edad en la que tienes que dejar paso a gente más joven y capacitada y desde luego, un descanso más que merecido. Pero a la hora de establecer la edad conveniente para este proceso, todos tendremos que estar de acuerdo que este descanso debe obtenerse en un momento de tu vida en el que puedas depender de ti, que tu cabeza esté en toda su plenitud y tu cuerpo, aunque más gastado, pero bien todavía para viajar, pasear, bailar, pegarte alguna juerguecilla, etc, Si este descanso te lo dan cuando estás para el arrastre o con la cabeza perdida, flaco favor te hacen.
En fin, que la tendencia lógica ha sido ir acercando esta edad a la salud del trabajador. Los sesenta y cinco años parece una edad magnífica, aunque se establecieron unos parámetros para que algunos trabajadores pudiesen pre-jubilarse a los sesenta. Hubo una auténtica revolución para quitarse de en medio a miles de militares, enviándolos a la reserva y así, gente con cuarenta y poco o cincuenta años, pasaban también a dejar sitio libre a las nuevas generaciones. La gente empezaba a hacer sus cuentas y decía: “Pues yo he hecho mis cuentas y dentro de dos años pido mi jubilación  y aunque renuncio al cien por cien, me quedo con el ochenta, más la comisión que me llevo de tal o cual cosa, me quedo igual y sin currar”.
Luego venía también el plan de pensiones que es otro añadido a esas cábalas que media España se estaba haciendo. Pero llegan dos crisis a la vez: una la económica y otra que sea un tal Zapatero el que la tiene que solucionar. Ante esta situación, todo se ha agravado y ahora la edad para jubilarse se pasa a dos años más: Los sesenta y siete. Y esto, que en definitiva no es más que un asunto de resignación, lo peor es que ves luego a esa cantidad de chavales, sin previsión, sin planes de futuro, sin idea de qué camino coger, tanta inestabilidad, tanto empleo precario, tanta incertidumbre y sueldos ridículos para el que los tenga…, que son ellos los que tienen que pagarnos a los que lleguemos a ser “jubiletas”.
La otra opción para no llegar a los sesenta y siete es la de cotizar durante treinta y ocho años y  medio, que es lo mismo que decir como la canción de Machín: “Toda una vida”.
Menos mal que yo soy una persona activa y creativa, inquieta, (que no puedo estar quieto) y sin pensar en algo para hacer, porque si fuese de los que se distrae mirando cómo va la obra tras la tela verde del vallado…apañado iría. No por nada, sino porque ya tampoco hay obras.