martes, 8 de febrero de 2011

LA IZQUIERDA PROGRESISTA

No cabe duda que las diferencias ideológicas en lo que se refiere a partidos políticos en España es más que cuestionable, pues es más fácil alcanzar la demagogia descargando las iras contra el adversario, que practicar verdaderamente una política ajustada a creencias y principios, sobre todo, si eso lleva aparejado la pérdida del sillón.
A escala local ni hablemos. ¿Qué es ser de derechas?. Esta es una pregunta que llevo haciendo hace mucho tiempo y nadie sabe responderme con rotundidad. Todos son evasivas, discursos trasnochados y pamplinas fuera de contexto. Pero responderme con claridad…nadie. ¿Y ser de izquierdas?...¿Qué es eso?...
Yo sinceramente observo en la política diaria del Partido Popular muchas medidas de carácter social que en principio parecían más presumidas por el PSOE. Y en cuanto al supuesto progresismo de la izquierda, que venga Dios y la vea, porque yo ni con gafas de aumento.
Es muy fácil acoplarse a un discurso demagógico echando la culpa al otro de una mala gestión, solo que eso que dio tan buen resultado al principio de esta nueva etapa democrática en España, ya no vale. Las chaquetas de pana de Felipe González y Alfonso Guerra, que pronto se convirtieron en trajes de alpaca, corruptelas, privilegios, cochazos y buena vida en nombre de la izquierda, ya solo se lo tragan algunos que no se quitan la venda ni a tiros. El resto de la gente,…no.
Vivimos el otro día un episodio dantesco verdaderamente. En una actitud caciquil, obsoleta y de un rancio impropio, el “eternizado” Alcalde de Puerto Real José Antonio Barroso, se pegó el moco de cerrar la puerta del pleno e impedir que asistiese el público, que como debiera saber este Alcalde bravucón, es el legítimo propietario de esas instalaciones donde él ejerce su tiranía. Pero más grave que esa actitud que ya lo es de por sí, es el hecho de que Barroso proclame y pregone su militancia tolerante y progresista, bajo las siglas de Izquierda Unida. Me apetece decir otra cosa, pero voy a ser respetuoso con mis lectores y exclamaré ¡¡Corcholis!!, ¡¡Caspita!!, ¡¡Caracoles!!, ¡¡Caramba!!... o cualquier otra cursilada, antes de dejarme llevar por el calor de mis sentimientos.
Pero ¡que barbaridad!, ¡que disparate!. O sea, un Alcalde Izquierda Unida, -supuestamente de izquierdas-, que por el incomprensible e inaceptable hecho de llevar como Alcalde toda la vida, se permite lujos que no se ajustan ni a derecho, ni al más básico y elemental concepto del respeto ni a las instituciones, ni  a la Constitución, ni a la educación, ni al más común de los sentidos que dicen que es el sentido común.
Me quedé muerto cuando me enteré, pero como siempre, luego llegará el susodicho personaje, dirá cuatro chorradas aludiendo a la derecha, a la guerra de Irak, a la guerra civil, a Franco, a la Falange, al fascismo y a no se qué más gilipolleces para intentar paliar sus carencias como gestor y no saber reconocer que eso de la izquierda, queda bien, “mola mazo”, es muy “guay”, es que “lo flipas” y todo eso, pero nada más. La izquierda debe ser otra cosa y para eso hace falta gente con un talante real y no ficticio. La izquierda no es un nombre para un partido, ni una fachada, ni un insulto a la inteligencia de la gente, ni un aprovechamiento de masas que por su condición humilde, se ilusiona con facilidad ante quienes le ofrecen charlatanerías y crecepelos.
Digo yo que no estaría mal que Barroso se plantease que ser Alcalde no es un oficio en el que se ganan trienios. Que el Ayuntamiento no es la fábrica donde uno trabaja a turno. Ni el cortijo del señorito para hacer y deshacer al antojo y al capricho del cacique del pueblo…
Me acuerdo de Aznar, cuando con ese tonillo tan suyo decía en el congreso: “váyase Sr. González, váyase”…. Pues ahora es momento de sumarse al deseo del bigotes y pedirle lo mismo al tal Barroso…”váyase Sr,. Barroso, váyase”…