Posiblemente todos, cada uno en su justa medida y yo el primero, debiéramos entonar un “mea culpa” por contribuir con pequeñas porciones de arena a esta playa de crispación en la que estamos convirtiendo nuestra pacífica convivencia. La Política está cayendo en la más cruenta de las bajezas y no siempre por culpa del mismo. Jamás en un conflicto tiene la culpa solamente una de las partes. Pero es verdad que hay quien tiene mejor perder que otro y no solo en las urnas tras unas elecciones, sino en una simple partida de ping-pong. Al que no le gusta perder, se rebota aunque sea en un futbolín.
Pero la cosa está pasando del castaño oscuro y no es lo peor que llegue al rojo, sino que acabe en el negro. Y para hablar más claro: del marrón del miedo puede pasarse al rojo de la sangre y poco después al negro del luto. No es una visión catastrofista del asunto, es una simple reflexión a raíz de la agresión sufrida semanas pasadas por un consejero de cultura en la región de Murcia. ¿Es un hecho puntual?...Ojalá lo fuese.
Lo que me preocupa es que hasta hace poco tiempo veíamos unas imágenes de países lejanos en los que los diputados se enredaban a “mamporrazos” en plena sesión. Eso me parecía tan ajeno a España que yo me preguntaba, cómo era posible tal despropósito. Pero imágenes similares han ido acercando fronteras y ya no resultan tan lejanos esos arrebatos de furia contenida y de crispación ilimitada. Por eso, Dios nos libre de parecernos, pero cuando veo en el parlamento esos cruces de insultos, de descalificaciones, esas campañas orquestadas para seguir recordando tiempos pasados, guerras olvidadas, bromas constantes en televisión acerca políticos –siempre del Partido Popular por cierto- que no creo que eso contribuya a ninguna clase de paz ni respeto. Por eso me refería antes a saber perder. Hay quien está tan acostumbrado a ganar y hacer y deshacer a su antojo, que en cuanto alguien le vigila, o controla, o denuncia, o simplemente le reclama información, el otro se pone a la defensiva y su argumento es la caricatura, el chiste, la humillación y el fácil recurso de parodiar al que sea con tal de poner freno a su posible triunfo. Buenafuente, Wayomin, Jorge Javier Vázquez, Sardá, etc, etc, son ejemplos claros de comunicadores que diariamente se dirigen a un público mayoritariamente joven y les crea unos rechazos impresionantes a gente como Rajoy, que sirve de mofa continua, en lugar de entenderlo como un posible próximo presidente del gobierno que no digo yo que vaya a serlo. Pero puede que si.
Es lamentable como se va creando una base de odio hacia el adversario y sobre todo si es de derechas, o conservador, o como quiera ser, sentirse y llamarse la gente que no es del PSOE. Poco vamos a conseguir así, salvo que desde pequeños, en las escuelas, en lugar de aprender a amar la democracia, el respeto a las ideas, la amistad entre adversarios, la concordia entre los pueblos y la paz entre las personas, se acabe por aprender la forma de dar una paliza al consejero de turno sea del color político que sea. Mal vamos así y encima con crisis económicas de por medio, lo probable es que esa crisis se acreciente y se pierdan del todo esos principios de honestidad y de moralidad tan indispensables en un estado que se llama de “derecho” y que entre todos, insisto, entre todos, estamos “torciendo” cada vez más.