lunes, 28 de febrero de 2011

CON TODOS MIS RESPETOS

Cualquiera que me conozca tendrá el legítimo derecho de cuestionar mis convicciones, mucho más que los que no sepan de mi existencia, más allá de ver a un bigotes deambular por este valle de lágrimas. Y una vez aclarado esto, quiero referirme a quienes entonces no pueden, ni deben dudar de mi pasión por mi tierra: Andalucía. Pero eso es como cuando el que tiene un perro en su casa y lo quiere hasta la adoración. No significa en ningún caso que anteponga ese cariño al de sus hijos o al de su mujer. Todo suma en los sentimientos de la misma manera que querer mucho a tu pueblo no supone para nada tener una pretensión de aislamiento con el resto del mundo.
Hoy se celebra el día de Andalucía y me parece estupendo, ya que existen el día del maestro y el día del padre y el día de los enamorados y un interminable etc de festividades, la mayor parte de ellas fabricadas por marcas comerciales y con pretensiones exclusivamente mercantilistas. El problema es que cuando se eleva a la máxima categoría la celebración de algo, es posible que pueda cometerse el error de no profundizar mucho en el asunto y restar importancia a algo que es importante.
La inmensa mayoría de los andaluces –casi la totalidad-  por muy andaluces que nos sintamos, somos conscientes de nuestra españolidad y ni por asomo la ponemos en cuestión. Nadie elige donde nace y en su consecuencia somos andaluces y españoles por pura circunstancia casual. Pero una vez que abrimos los ojos por primera vez, damos nuestros primeros pasos y comienza nuestra educación, hay unos que nos identificamos más con la tierra que otros. Hasta ahí todo normal. Tal vez la anormalidad llegue cuando unos cuantos entiendan con fanatismo un hecho tan fortuito como nacer aquí o allá. En ese momento se genera un conflicto que va más allá de la defensa razonable de tu cultura, de tus raíces, de tus costumbres y de tus intereses en esa competencia feroz en la que nos vemos inmersos todos cada día.
Yo, como tantos otros, me siento muy orgulloso de ser Español y con el aliciente añadido de ser y sentirme andaluz por los cuatro costados. Pero estoy seguro que si llego a nacer en Holanda, sentiría lo mismo que ahora solo que en la tierra de los tulipanes. No pasa nada. No puedo ponerme una venda absurda y disfrazarme de un patriotismo desenfrenado que habla más de separatismo y de disputas que de humanidad y de concordia entre los pueblos. ¿Qué es eso del nacionalismo andaluz?...
Vale que tengamos una bandera y unas señas de identidad y un folclore diferente y una gastronomía especial y un carácter distinto, incluso un himno. En mi opinión basta y sobra con eso. Siempre defendí que los andaluces debemos pelear unidos para no dejarnos pisotear por otras regiones o comunidades autónomas que por echarle más morro al asunto, se lleven lo que a nosotros nos corresponde legítimamente por el simple hecho de superar considerablemente el numero de habitantes. Pero cuando digo pelear, me refiero desde el debate, desde la discusión sin extravío de papeles y desde luego sin metralletas ni siquiera de juguete. Es una cuestión de pura reivindicación administrativa. Nada más.
Por todo eso, hoy quiero celebrar junto a mis paisanos el día de Andalucía, pero desde luego, no voy a celebrar esta jornada como homenaje a un boticario llamado Blas Infante al que se ha querido bautizar como padre de la patria andaluza y que fue autor de la letra de un himno en el que hay párrafos que no entiendo bien y que me da miedo entenderlo. Su conversión al islam y su confesión de sentirse musulmán, no me gustaría asociarla con ese párrafo del himno de Andalucía donde reza: “Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos”…Y yo me pregunto: ¿Qué fuimos?...Tal vez se refiriera a cuando esta tierra era de los moros. Siendo así, prefiero quedarme con la versión del chirigotero gaditano que en su día escribió en alusión a este mismo himno y en referencia a cuando dice “Andaluces levantaos”: “perdón que no me levante pero estoy mejor sentao”. Con todos mis respetos.