sábado, 22 de enero de 2011

BLA, BLE, BLI, BLO, BLU

Siempre se ha expresado de manera coloquial con un “bla, bla, bla”, cuando ha pretendido referirse a quien habla pero no dice nada. Una manera de retratar burlonamente y con nuestra sabia ironía al clásico charlatán. Pero desde que esta pandilla de desgobernantes de la que disfrutamos actualmente en España, ha conseguido implantar su hábil sistema para complicarnos la vida a diario y crear problemas donde no los hay, ejerce la improvisación y la más extrema de las irresponsabilidades, nos desayunamos con que ahora, para hablar en el Senado y pronto en el Congreso,  puede usarse la lengua que cada cual considere.
Así, como ahora ya no existen los dialectos en las regiones, ni siquiera los idiomas en las comunidades autónomas, sino que lo que tenemos ahora son lenguas originarias de los diversos países que hay en España: País Vasco, País Valensiá, País Catalá, Pais Galego…, pues cada senador y cada diputado, al subir al estrado nacional, en lugar de utilizar la lengua castellana que es lo lógico tratándose de asuntos de España y en la capital de España, lo hacen desde estos días en la lengua de su país. Y como resulta que el resto de senadores y diputados no se enteran, pues se han colocado unos pinganillos que hacen la traducción simultánea. Total, dos milloncejos de nada que al cabo del año suman la friolera de 60 kilos para entendernos los más mayores. En euros, hablamos de unos 360.000 al año. Y con la que está cayendo.
Lo digo sin sorna, ni otra pretensión que la de aclararme:… ¿A qué viene esto?. ¿Qué necesidad tenemos en las circunstancias de crisis en la que estamos inmersos de hacer ese esfuerzo económico para satisfacer a cuatro nacionalistas de mierda que reivindican hablar otro idioma porque no se sienten españoles?.
La lengua, el idioma o como quiera llamársele se inventó precisamente para entenderse. Se han hecho intentonas importantes para crear el esperanto con idea de que todos los humanos hablemos de igual manera. Se ha pretendido con el inglés universalizar la lengua. También con el francés para el lenguaje postal…Pero nada. España es diferente, que diría aquel y desde entonces no paramos de llamarnos la atención de nuestro propio ombligo para comprobar si sigue siendo igual de redondo. No tenemos arreglo.
Pues si no andábamos locos entre los megas, los chats, las blackberrys, los iphon, la tdt, la wifi, los pendrive, los Mp3, los Mp4, los 3D, la USB y la madre que parió  a  tanto invento, ahora nos vienen con que  para arreglar el país los políticos tiene que convertir el parlamento en una absurda torre de babel, en la que en lugar de bla, bla, bla, ahora se oirá decir bla, ble, bli, blo, blu, dependiendo del sitio donde se ha nacido, que ahora llaman países dentro de la propia España.
Curiosamente en Estados Unidos, que es el país más rico del mundo y con más estados, todos hablan el mismo idioma, todos tienen la misma bandera, todos el mismo himno y solo un parlamento donde debatir los asuntos.
Pues anda que como aparezca un día en el congreso o en el senado, algún diputado cachondo de por aquí abajo y se ponga a largar en condiciones, la vamos a liar. Figúrate allí, en el estrado ante los micrófonos y diciendo en lugar de: “Señoría, Cádiz requiere la solidaridad del estado por sus peculiaridades…”, diga: “Quillo, esto es Cai y aquí hay que mamá…”.
A ver qué pinganillo traduce eso…