Al parecer ha llegado el momento del esperado juicio del llamado caso ROSEWORLD. Que lenta es la justica en España y que cuestionada luego en base a los resultados que no siempre son los deseados por una y otra parte litigante. Este caso recordemos que ha sido el mayor escándalo urbanístico en la historia de La Línea de la Concepción y mira que ha habido casos. Todos sabemos de gente que se hizo millonaria construyendo donde no debía y luego aprovechando su posición política ascender a todas las alturas posibles. Así de repugnante en nuestra sociedad.
Pero entre sus componentes para esta repugnancia están los de que nosotros, aprovechando la lentitud de la justicia, nos convirtamos gratuita y caprichosamente en jueces paralelos. Nuestra falta de paciencia hace que nos coloquemos la toga del lengüeteo callejero y no tengamos escrúpulos ni reparos en castigar la imagen de cualquiera, sin caer en la cuenta del daño que hacemos con estos atrevimientos. El caso Roseworld ha dado para mucho. Primero por lo sospechoso de quien se convertía en acusación particular y el letrado que le acompañaba en el caso. Luego por lo retorcido de la maniobra financiera que al mismo tiempo, por tan burda, se convertía en demasiado infantil. Tercero porque era una manera de debilitar a un equipo de gobierno que en esas fechas era imbatible en las urnas. Y finalmente porque, por fin, se encontraba la manera de cortarle la cabeza al entonces alcalde Juan Carlos Juárez, tan odiado por unos adversarios políticos que pronto pasaron a ser, enemigos acérrimos en lo político y en lo personal. Con razón o sin ella, había que matarlo.
En aquellas fechas yo formaba parte de la corporación linense y por lo tanto ni debo, ni puedo, ni quiero hacer valoración alguna del asunto. Pero desde luego, me veo en la obligación moral de defender la inocencia de todo el mundo hasta que no se demuestre lo contrario. Pero aún así, yo nací iluso e iluso me moriré. No voy a dar nombre por respeto al resto de imputados, pero todavía soy de los que confía en alguna gente y lo lamento por quienes no piensen así, pero pongo la mano en el fuego por la inocencia más absoluta de uno de ellos al que conozco bien, aunque nuestra relación se haya enfriado en los últimos tiempos. Es incapaz de hacer nada ilegal más allá de la trampilla razonable cuando se está toreando a diario con reses bravísimas, peligrosísimas y con “mu mala leche”. Tal vez cayó en la trampa por afán de notoriedad; o por aparentar valentía y seguridad; o por ingenuo que jugaba a político de altura; o por disciplina de partido y cargo…Por cualquier razón de estas u otra que se me escapa, se plantó en la mesa de contratación y votó lo que votó. Estoy en la más absoluta y rotunda convicción que ni se llevó un euro, ni pasó por su cabeza que había detrás gente que sí lo hacía. No era su guerra, ni lo ha sido nunca y me da la impresión que no lo será jamás. Hemos compartido muchos años y muchas cosas y aunque el tiempo corrompe, la política corrompe, las tentaciones corrompen y todo corrompe, lo cierto y verdad es que solo corrompen a los corruptos o a quienes tienen vocación de serlo. Quienes hemos mamado principios de integridad, principios cristianos y principio morales a prueba de bomba, es difícil que nos pillen en una operación poniendo el cazo por la cara B del disco.
Le deseo toda la suerte del mundo a los varios inocentes que se sienten en ese incómodo banquillo y toda la suerte al magistrado y su equipo para que actúen con la más rigurosa dureza en la aplicación de la ley contra quienes por golfos, han empañado la imagen de mi amigo y de mi pueblo.