miércoles, 19 de enero de 2011

FITUR

No seré yo quien juzgue mi paso por la política tras la experiencia de ocho años como concejal de mi pueblo. Habrá quien recuerde algunos de mis méritos, como otros lo harán de mis errores, que seguro cometí. Me costaría mucho trabajo y un enorme esfuerzo de una memoria de la que no disfruto, recordar todo lo que hice, porque en este tipo de gestiones domésticas, se hacen muchas cosas en el día a día de las que no queda constancia alguna y otras incluso, que quedan en la sombra porque se hacen con el corazón y porque además tu obligación es procurar que sea el Alcalde el que las adopte como suyas.
Pero de entre las cosas que hice en aquellos años y presumo de ello, es haber provocado toda una revolución en La Línea cuando llegaba FITUR, la Feria Internacional del Turismo cuya edición de este año se ha inaugurado precisamente esta mañana en Madrid. Confieso que llegada esta fecha me acuerdo todos los años. Fueron cuatro ediciones que viví con enorme intensidad, apostando muy fuerte y desde luego con la convicción más absoluta que mi pueblo lo necesitaba. Y ahora, con la perspectiva que te permite el tiempo, es hora de reconocer que turísticamente había poco que vender en aquel momento. Solo contábamos con tres hoteles de tres estrellas y resultaba un mucho de osado, competir con Marbella, con Mallorca, con Nueva York, con Venecia, con Río de Janeiro y con el mundo entero. Tan absurda y ridícula era la pretensión que nos tacharon de locos e irresponsables. Desde la Diputación provincial o desde la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar no se comprendía nuestra actitud de montar un stand por separado y con 200 m2 de superficie.
Todo empezó cuando oí decir a un político, al que no nombro porque está en activo, que FITUR no era más que “un fin de semana de cachondeo en Madrid”. Veía fotos de nuestra presencia en la Feria y me parecía lamentable. Un mostrador pequeñísimo, compartido con el resto de municipios de la comarca y donde se amontonaban los folletos que no servían para mucho. Aquello había que darle un giro sustancial si queríamos mostrar una nueva imagen de la ciudad que hasta entonces solo era noticia por cartones de tabaco, droga, atracos y lo que todos sabemos. Que tuviésemos solo tres hoteles y poco que ofrecer como ciudad turística era lo de menos. La intención era recuperar la ilusión de los linenses. Así, apenas siete meses después de tomar posesión de nuestros cargos se celebraba la Feria y no había tiempo de instalarnos. Los sitios estaban asignados desde tiempo atrás y ya era tarde. Por fortuna, Los ayuntamientos de Marbella y Ceuta que montaban juntos, nos cedieron un espacio entre ellos y pudimos estar aquel año. Todo era pura fachada y un poco de “morro”. Recuerdo que entonces yo era responsable de imagen y no de turismo, pero por eso, el Alcalde me hizo  responsable de aquel montaje que resultó todo un éxito pues por el lugar estratégico que cogimos, aprovechamos el importante flujo de famosos invitados al stand de Marbella que al travesar el arco de entrada, réplica del existente en la ciudad costasoleña, entraban sin darse cuenta en nuestro espacio y les hacíamos entrevistas para nuestra radio municipal recién estrenada. Era toda una promoción. A todo esto, nuestra principal apuesta gráfica resultó muy impactante, pues consistió en un amplio reportaje de varias páginas en una importante publicación especializada y cuya distribución más destacada fue colocarlas en todos los asientos del AVE, así como en hoteles de la capital. Y como remate, la presentación a nivel nacional del flamante equipo de atletismo capitaneados por Niurka Montalvo. Nadie se creía aquello, pero solo era el principio. Al siguiente año, ya si fui nombrado concejal de turismo y con tiempo suficiente reservamos un espacio propio, con decorado diseñado expresamente y con la tranquilidad de poder implicar a muchos empresarios linenses que empezaron a creer en aquello. Así lo hice durante cuatro años. Con más o menos acierto, el objetivo se cumplió pues incluso se organizaban excursiones desde La Línea, en autocares a rebosar para pasar unas horas presumiendo de linenses en la capital de España. Ya íbamos con catering propio. Inolvidables aquellas navajas gratinadas del Restaurante Neptuno; y aquellos simulacros de Domingos Rocieros con la participación del Coro de la Hdad. del Rocío. Gente que pasaba la noche en el autocar, sin dormir, apenas sin comer, y lo hacía de corazón, sin ganar un solo duro y poniendo incluso su dinero para estar allí. Dolía.
Y entre tanta y tanta osadía, presentamos el puerto deportivo varias veces y actualmente todavía no se ha inaugurado. Presentamos años antes el Palacio de Congresos. Montamos un pollo increíble presentando “La Ruta de los Bunker”, un producto que se inventó Alfonso Escuadra y en el que creí firmemente. Lástima porque nos hubiese dado mucha vidilla turísticamente hablando si llega a continuarse. Las colas para entrar en ese búnker de cartón que hicimos en aquel FITUR era digna de tenerse en cuenta. Junto a nuestro stand, no daban crédito a lo que estaba pasando. Eran comunidades autónomas de reconocido prestigio y por más atractivos y costosos que eran sus montajes audiovuisuales, el único stand con una cola gigantesca era el de La Línea para entrar en el pequeño búnker y para degustar un vinito que un venenciador les escanciaba a la salida de aquel habitáculo de color gris. Increíble.
Pero bueno…eran, fueron otros tiempos. Tal vez ahora ya no haga falta tanta imaginación porque ahora además de aquellos tres hoteles mejorados, tenemos otros importantes, museos, más y mejores restaurantes, una nueva y mejorada imagen, credibilidad como ciudad y el futuro que los propios linenses quieran.
No se hicieron grandes negocios, ni contactos con touroperadores, ni nos convertimos en Mónaco,…ni era la pretensión.
Yo salí de la política activa igual de “tieso” que entré y eso es lo que me llevo, además de saberme parte de aquella mini revolución que supuso FITUR, en unos años en los que nos hacía mucha falta recuperar nuestro orgullo como pueblo.