domingo, 30 de enero de 2011

EL NEGRO

No me cansaré de repetir lo hipócritas que somos y me refiero en general y no a nadie en particular. Hablo de esta sociedad en la que vivimos porque utilizamos las varas de medir dependiendo de cuando nos interesa y con quién vamos a necesitarla.
Cuando algo nos tomamos a pecho, somos capaces de pelearlo hasta la muerte. Nos desgañitamos donde sea y ante quien sea, con tal de mantener con firmeza nuestra postura aunque nos invada la sinrazón. No importa. Esto es lo que pensamos y nos afecta poco lo que piense el resto de la equivocada humanidad. Las cosas son extremas, blancas o negras, salvo que nos parezca conveniente utilizar los matices. En esos casos nos proclamamos defensores a ultranza de la tolerancia, de la flexibilidad y morimos defendiendo al color gris…
En casi todo somos así –la mayoría- que queremos dar una imagen de objetivos y personas sensatas y razonables, hasta que nos tocan un dedo concreto y entonces,…¡amigo!,…la cosa varía sustancialmente. Mi niño es el mejor y además llevaba razón en la discusión con el maestro del otro día. Yo no estaba presente, pero me lo ha dicho mi niño y punto. Mi madre es la que hace los mejores roscos. Pero vamos, ni se te ocurra dudarlo…Tu madre hará roscos y estarán buenos…pero como los de mi madre...te aseguro que no. Los de ella son los mejores, aunque no hayamos probado otros en la vida…Es tu madre y con eso se defienden todos los argumentos posibles.
Tenemos una extraordinaria capacidad para calificar y clasificar las cosas y nos atrevemos osadamente a compararlas sin el menor pudor ni reparo y sin saber ni donde se guarda la balanza para sacarla a relucir…Esto o aquello es lo mejor del mundo. ¡¡Chúpate esa!!... No de mi calle, ni de mi barrio, sino del mundo. Es verdad que esto lo decimos como forma de esa cultura tan arraigada a Andalucía que es la exageración, pero de todas formas, lo decimos con cierto convencimiento de que las cosas son así de buenas, de bonitas o de cómo sean, pero en referencia a otras que no tenemos ni la más remota idea.
Los aficionados al fútbol esto lo vivimos a diario y multiplicado por mil. La jugada esa que yo vi pero tu no es la mejor de la historia. No logra ser una buena jugada o una magnífica jugada, sino la mejor de toda la historia refiriéndose a millones de partidos en todo el globo terráqueo.
Pero lo peor es que mientras nos lo tomemos a chufla y nos quedemos en la pura anécdota y en el cachondeo, vale. Lo grave es cuando esas comparaciones, -cuya manía de decir que son odiosas no comparto en absoluto-, se refieren a temas delicados, que juegan con los sentimientos de las personas, cuando se refieren al sexo, a la religión, a la raza…
Es triste pero es así. Decidme mis queridos amigos, la diferencia entre dos hombres, nacidos el mismo día, en el mismo país africano, sus mismos pensamientos, sus mismos ideales, sus mismos sentimientos, su mismo color de piel, solo que uno es un ídolo de la afición porque es un deportista de élite y el otro vende clínex en los semáforos.
Y mientras a uno le pedimos autógrafos, al otro le ponemos mala cara en la ventanilla del coche. A uno le pedimos fotografiarse junto a nosotros y al otro le decimos que no queremos clínex, pero con gestos a través del cristal no sea que vaya a tirarnos un bocado por venir de África.
En esto no caben los grises. Al final, uno es un admirable y respetable chico de color para algunos y el otro para otros es un negro de mierda…¡Que pena!