viernes, 28 de enero de 2011

MARTA Y LOS DE LA TOGA

Siempre me llamó la atención el papel del abogado defensor en cualquier tipo de pleito. En las películas americanas, era mi héroe porque defendía a veces lo indefendible y en muchos casos, tendemos a ponernos a favor de esa pillería que somos incapaces de cometer. Pero nada que ver con la realidad. A veces, lo he llegado a comentar con algún amigo que por su condición de letrado ha intentado explicarme sin demasiado éxito, ese papel que tiene que adoptar en el ámbito de la jurisprudencia. Sigo sin entenderlo y menos, compartir con ellos esos criterios.
Recuerdo el revuelo que se montó a raíz de aquellas declaraciones que el ex alcalde de Jerez, Pedro Pacheco pronunció cuestionando la justicia española, a la que calificó de “cachondeo”. Sin duda es lo que pensamos muchos, pero dicho por un cargo público, con responsabilidad de gobierno, no cabe duda que supuso un escándalo.
Pero no resulta complicado mantener esa postura de considerar que la justicia en España es un puro cachondeo. Funciona mal en todos los aspectos. En primer lugar porque la tardanza en aplicarla es desmedida. En segundo lugar porque la independencia de los jueces está más que cuestionada y en tercer lugar porque las leyes parecen que están diseñadas más para proteger a los delincuentes que a sus víctimas.
En estos días estamos viviendo nuevamente el lamentable episodio del asesinato de la joven sevillana Marta del Castillo, por mor del juicio que se está celebrando a un tal “el cuco”, con cuyo apelativo ya canta que se trata de un elemento. Y comprendo y comparto que este, como cualquier otro delincuente –nada de presunto- tenga derecho a una defensa digna, en evitación que una persona aunque cometa un error en su vida, se sienta desprotegido por una sociedad que le castigue inmerecidamente, le haga un juicio paralelo, o se le castigue más de la cuenta. En tiempos pasados era fácil que se le echara la culpa al primero que pasara por allí, antes de trasmitir al pueblo llano la sensación de inseguridad. Pero de ahí, hemos pasado a lo contrario. Un tipo asesina y de momento hay que decirle presunto aunque se le coja en ese momento cometiendo el crimen o incluso si lo confiesa él mismo. No lo entiendo. Vale que sea presunto mientras solo exista la sospecha, pero si el mismo dice que lo ha hecho, qué mierda de presunción es esa…
Pero hay más, mucho más en este asunto absurdo de la caprichosa aplicación de la justicia. Estamos acostumbrados tristemente a ver como a un tipejo lo cogen cuarenta veces, lo sueltan, lo vuelven a coger, lo vuelven a soltar, todos sabemos que es un absoluto deshecho social, pero sigue en libertad tal vez porque tardan mucho en juzgarlo o porque tiene un buen abogado que con artimañas y triquiñuelas –quien hizo la ley hizo la trampa- lo saca siempre a la calle sin problemas…Y yo me pregunto: ¿no sería mejor encerrar al de la toga?...¿Qué aporta de positivo al sistema este individuo que se viste de letrado para procurar siempre poner en peligro nuestra pacífica convivencia, disfrazado de abogado defensor de los débiles?...¿Débiles?...No lo entendía, no lo entiendo y no lo entenderé. Es de justicia, en mi manera de ver, que se le procure al delincuente las mejores condiciones en su condena, en rebajarle ésta buscando atenuantes, pero jamás intentar que siga siendo un peligro social. Para mi que esa defensa se convierte en cómplice del malhechor.
En el caso de Marta del Castillo, no hay crimen porque no hay  muerto. Evidentemente, mientras no aparezca el cuerpo de la chiquilla, nadie puede hablar de asesinato, ni siquiera el confeso Carcaño. Pero a mi que no me digan que esto no podía solucionarse en 24 hs. Es inaceptable que cuatro niñatos tengan en jaque a todo un país, a toda la policía española y haciendo sufrir aún más a una familia desconsolada. Nada de torturas como antaño, pero tu separas a esos cuatro impresentables, los metes en unos cuartitos incómodos y además de privarlos de libertad, les quitas todos los privilegios de estar vivos, sin luz del día, sin tele, sin ordenador, sin nada de nada, solo llevándole la comida indispensable y esa gente no aguanta ni dos días haciéndose el héroe. Pero claro, cuando me entero en la tele que el problema está en que los abogados les están aconsejando que no digan nada de dónde está el cuerpo porque mientras no aparezca no pueden tener condena de asesinato y además las pruebas se van diluyendo por su deterioro con el paso del tiempo, me parece vomitivo y despreciable por parte de los de la toga. No creo que esa sea su labor. Me parece a mi que están para proteger a los asesinos en la búsqueda de argumentos atenuantes y evitarles un sufrimiento mayor al merecido, pero nada más. Nunca para convertirse subliminalmente en uno de ellos. Me da asco y vergüenza.
Como en todo es mi opinión, pero seguro, seguro que compartida por muchos.