Me reconozco y confieso un consumidor enfermizo de televisión. Tal vez por eso he convertido mi afición en profesión y tal vez por eso estar tantas horas delante de la pequeña pantalla me haya ofrecido una experiencia y unos cocimientos que procuro aplicar en mi día a día laboral. Pero la edad ofrece siempre una perspectiva de las cosas que te hace cambiar esquemas y observar con frialdad los distintos fenómenos que se producen a tu alrededor. Soy del 56, por lo que lo mío viene del blanco y negro, del UHF, de los dos rombos y del vamos a la cama que hay que descansar. Luego Rin- Tin-Tin, Bonanza, Félix Rodríguez de la Fuente, La casa de la pradera, Heidy, Verano azul y Vacaciones en el Mar, entre otros muchos espacios dignos de recordarse. Y en la evolución de nuestra vida, la televisión crecía en España paralelamente a nuestros cumpleaños y así fuimos llegando al nacimiento de Tele 5 con sus “Mama chichos”, Antena 3, Canal Sur y más tarde la Cuatro y la Sexta y ahora la Siete, la Diez, la Trece, y la TDT, la HD, y la 3D, y la mare que las parió…
Pero con ese afán desmesurado de adocenar a las masas, distraer con la malsana intención de desviar la atención del espectador, maleducar y dar nefastos ejemplos a la juventud, no cesan de aparecer programas verdaderamente indignos y más propios de otras inculturas que de la nuestra. Llegó la moda de los programas rosas o del corazón y lo que empezaron a ser crónicas de sociedad, cursis y basados en la ropa que lucían las damas en las fiestas, pronto se iban convirtiendo en un chismorreo de vecindonas, pero en la tele, en lugar de en el barrio. Y como la cosa tenía audiencia, llegó “Qué me dices” y ahí dio comienzo este absoluto despropósito. El programa “Aquí hay tomate” fue lo más de lo más en la persecución a famosos y en la búsqueda de cuernos por doquier. No interesaba otra cosa que conocer con quien se acostaba cada quien. Lo recuerdo como un programa verdaderamente horroroso. Y claro, no era de extrañar que tuviesen contenido porque los mismos protagonistas de las hazañas de cama, terminaban siendo quienes vendían las exclusivas y se metían en una espiral que les daba dinero al mismo tiempo que destrozaba relaciones y corazones. Al poco tiempo, no había una hora en la que pusieses la tele y encontrases más de lo mismo. Las audiencias mandando, las empresas anunciándose, la gente vendiendo su intimidad, los actores, artistas, cantantes y faranduleros en general, preferían ganarse la vida en un plató desnudando sus vergüenzas que subiendo a un escenario que resultaba menos rentable y más trabajoso.
Y tatachín, tatachán,…con todos ustedes: SALVAME. Un fabuloso coctel de basuras y bazofias unidas que jamás serán vencidas. Tertulias y debates a base de gritos, insultos y descalificaciones, mientras los propios tertulianos comen, hablan por el móvil, van y vienen y consideran un notición que un fulano cuyo único mérito es haber salido un par de veces con una fulana que a su vez es la sobrina de uno que era el chófer de la amante de un torero, se le vio de compras con otra persona…Y yo me pregunto: Pero ¿a quién coño le interesa eso?...Pues nada. Eso es lo que hay. Claro que el secreto está en el nivel de los colaboradores y contertulios del programa. Kiko Matamoros, no te digo más; Mila Ximenez, ex esposa de Santana el tenista; Kiko Hernández, un tipo cuyo brillante curriculum es haber concursado en Gran Hermano; Raquel Bollo, es pareja sentimental del cantante Chiquetete; Rosa de Benito, de gran mérito por su condición de cuñada de la desaparecida Rocío Jurado; Karmele Marchante y Lydia Lozano que dicen ser y llamarse periodistas y como broche de oro, un genio de la comunicación verdulera, el sumun de la ordinariez, todo un ejemplo de educación y saber estar, el gran referente del glamur barriobajero:…la gran BELEN ESTEBAN, a la que llaman Princesa del Pueblo. Ahí es nada. Por eso, después de esto, le ruego a Dios…¡¡SALVAME SEÑOR, SALVAME!!